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Tenía muchas dudas en mi primer viaje en moto. Ya había realizado algunas como copiloto, pero no eran largas en kilómetros ni en tiempo. Por fin, después de realizar un chequeo a mi preciosa nueva moto comprobando los elementos principales como ruedas, cadena, luces, aceite, líquido refigerante…, y escuchar los consejos de los expertos, tocaba elegir la ruta para mi bautismo como piloto. Elegirla no fue fácil, quería disfrutar de la moto y también de un lugar que me ofreciera algo más que carretera, y sin duda, Galicia cumplió. Su variada y complicada orografía me permitía disfrutar de una verdadera conducción en moto con carreteras sinuosas, ascendientes y descendientes en medio de ciertas rectas. Todo ello enclavado en su espectacular paisaje de interior y de costa. Después de reflexionar sobre todo esto, lo tuve claro, Galicia era mi destino.

Unos días de vacaciones y me decidí a realizar mi ansiado viaje. Me propuse dar la vuelta a la región siempre atenta a su patrimonio, paisajes, espacios naturales, historias, leyendas y curiosidades. Tan variada e interesante, Galicia me ofrecía Cantábrico, Atlántico, riberas fluviales, valles, sierras y montañas. Así que comprobé la presión de los neumáticos, me equipé convenientemente y decidí colgar mi chaqueta vaquera para estrenar mis protecciones. Guardé mis tacones urbanos y marqué los pasos con mis preciosas botas moteras. Lista para rodar, me dejé llevar por esta fantástica tierra galaica.

Me sentí libre y disfruté con el agarre de la moto en las curvas y contracurvas de las carreteras gallegas. Echando la vista atrás, me sorprendió gratamente que el tiempo pasado sobre la moto haya desembocado en momentos de adrenalina y también de reflexión, convirtiendo así esta ruta en toda una experiencia. Sensaciones de libertad y de buen rollo fueron totales viajando sobre dos ruedas. Pude llegar a cualquier parte. Lugares de los que ya había oído hablar, y otros desconocidos que resultaron verdaderas sorpresas. Pero la realidad supera todo lo que pueda contar. Hay que vivirla, hay que vivir Galicia, hay que vivir la ruta Galifornia … me quedo con ganas de más…!

En resumen, es una vivencia que recomiendo plenamente a todos, chicos y chicas, tanto si sois moteros/as, como si os lo estáis pensando. En este último caso, mi consejo: adelante, prepárate convenientemente y a vivir la ruta Galifornia. Disfrutarla es un placer de sensaciones positivas.

Ruta 1

MACIZO CENTRAL – RIBEIRA SACRA

214 km

Dormir en un parador al lado de una preciosa fortaleza, una de las mejores conservadas en Galicia, incluso por la noche, creo que ha sido la experiencia y regalo más maravilloso que a uno le pueden dar.

Ese día me levanté muy temprano pues quería aprovechar mi gran aventura motera por la laberíntica Ribeira Sacra comenzando en Verín. Desde su Parador partía con bellas vistas al castillo y panorámicas sobre su silencioso valle y sus viñedos. Nada mejor para comenzar con buen pie la jornada que acercarse a conocer una de las bodegas típicas del lugar “Boo Rivero”, donde compré un excelente vino con D.O. Monterrei. Al salir me enseñaron cómo llegar para contemplar un lagar rupestre del que ya me habían hablado en Verín.

Recorriendo paisajes impresionantes por el embalse das Portas y do Bao, me dejé llevar por la sinuosa y serpenteante carretera, auténticamente motera, en dirección al macizo central orensano.

Estaba disfrutando tanto, que cerca del embalse do Bao llegué a un apacible rincón digno de admiración. Un enclave de gran belleza natural, justo en el estrecho y hermoso valle que forma el Río Bibei, en O Bolo. Una visita obligatoria y parada recomendable a la que no dudé un instante en desviarme para ver el majestuoso Santuario de Nosa Señora das Ermidas, que corona una elevada roca natural situada al fondo de la garganta del río Bibei. Debajo del mismo se encuentra un puente medieval sobre el mismo río.

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Encajado entre “socalcos” o terrazas y excavado directamente en roca, éste se levantó en honor a la Virgen descubierta en una cueva del lugar y toma el nombre de los ermitaños que buscaban la soledad en este lugar tan alejado. Cuenta la leyenda que un día unos niños pastores decidieron explorar la cueva al ver que el ganado que por allí pasaba sanaba y encontraron en su interior la figura de la Virgen con el Niño en brazos. En el lugar levantaron una pequeña ermita con la imagen. Siglos después sucedió lo mismo con un obispo que cayó enfermo y tras la visión recuperó la salud de inmediato. Por ello mandó construir el templo que hoy vemos. Desde entonces la Virgen, que aparece en el altar mayor, cuenta con una gran devoción en Ourense debido a la fama “milagreira” que mantiene. Subiendo el Vía Crucis hasta la parte alta del pueblo, se ve el castillo de O Bolo del siglo XII que perteneció a los condes de Lemos y que fue reutilizado como escuela, cárcel e incluso campo de fiesta.

La carretera ascendía aproximándose cada vez más a la estación de montaña de Manzaneda (1778m), donde los bosques de Galicia tocan el cielo. Lástima que no estuviera cubierto de nieve pues hubiera sido una postal espectacular, según cuentan sus lugareños. Al bajar de Cabeza de Manzaneda fui al Souto de Rozabales para fotografiar este monumento natural, especialmente al conocido y anciano castaño de Pumbariños muy bien cuidado y acompañado por sus longevos familiares. Tenía mucho que contarme de todas las generaciones que por él pasaron, de amoríos, guerras y sobre todo del aire puro que allí se respira. Después de haber visto semejante obra de arte natural y tomando una gran bocanada de aire llegué en un abrir y cerrar de ojos a Trives, que presume de tener en sus cercanías un puente romano sobre el río Bibei.

En A Pobra de Trives no pude resistirme a degustar su famosa bica de manteca, ya que estaban celebrando su gran fiesta (último domingo de Julio). Este bizcocho de sobremesa es de obligado disfrute. En estas tierras de Trives otra gran fiesta es el carnaval con diversas prácticas vinculadas a éste, lo que da buena muestra de la riqueza etnográfica de estas costumbres que varían de una aldea a otra. En A Pobra las calles se llenan con los “folións” que cantan y bailan acompañados de bombos, siendo días relevantes el jueves de comadres y el viernes de compadres. Antes de salir no tuve más opción que llevarme otra bica de repuesto para endulzar aún mas mi ruta y no perder energías. Sonaba la campana de la torre del Reloj mientras me escapaba de aquel bullicio de gente.

Atravesé el hermoso paisaje protegido de Val do río Navea, con su diminuto puente de un arco de origen romano “Ponte Navea”, bajo el mismo puente de la carretera. A la derecha a los pies del gran bosque de castañales de San Xoan de Río, vi unos miliarios que me condujeron hasta Castro Caldelas. Allí su imponente fortaleza defensiva construida hace más de 600 años, se levanta en la parte alta de la villa con espectaculares panorámicas al Valle del Sil y anunciando la entrada al bello paraje natural de la Ribeira Sacra, que me esperaba en la otra escarpada ladera. En el interior del castillo hay un centro etnográfico donde se recrea cómo fue la vida en aquella época.

Cuenta la leyenda que en el castillo del Castro vivió un poderoso conde que tenía tres hijas muy hermosas en edad casadera. Otro conde, también rico y noble, le pidió la mano de una de sus hijas. Su padre le preguntó ¿Cuál de ellas? y de ahí viene que la gente le comenzara a llamar Castro Cal-delas.

Desde allí descendí una escarpada y emocionante pendiente hasta cruzar el río Sil. Divisando como partía uno de sus catamaranes del embarcadero de Doade y entrando ya en la provincia de Lugo, me esperaba el precipitado ascenso de la carretera salpicada con diversos miradores y bodegas célebres como la de Regina Viarum y Algueira en la que mi exhausto cuerpo devoró una exquisita comida acompañada de excelentes vinos de la denominación de origen Ribeira Sacra.

Ansiaba llegar a algunos de los balcones dispuestos en las laderas, aunque el mirador que me dejó boquiabierta sería Cadeiras. Casi colgado sobre el río a más de 600 m de su cauce, me deleitaba con la orilla orensana y esa gran fractura del Cañón, sus numerosos viñedos y además los balcones de Madrid.

En la Rectoral de Gundivós restaurada por el último alfarero que queda, Elías me enseñó su centro de interpretación con las piezas de cerámica, una artesanía tradicional milenaria y me ofreció una estupenda degustación. De su tienda llevé la típica “cunca” para el vino, puesto que el cacharro de la queimada con el barro de Gundivós no tenía espacio en mi moto.

Sabiendo que pasaría por Ferreira de Pantón, no podía perderme de vista el Monasterio cisterciense de las madres Bernardas de Santa María. Curiosamente el único de toda Galicia que conservó su función desde su creación hasta el presente. Parte de sus exquisitos dulces me acompañarían durante el resto del viaje.

Fascinada proseguí mi camino entre vides, monasterios y conventos hasta desembocar en la dulce playa fluvial de A Cova, esta vez bañada por el río Miño, que “lleva la fama y no el agua como lleva el Sil “que dejé atrás. Mi sorpresa fue ver cómo se retuerce éste creando un meandro alrededor del Cabo do Mundo.

Cuanto más avanzaba más quería ver y esta vez me dirigí al monasterio de Santo Estebo de Ribas de Miño desde cuya fachada pude contemplar unas vistas inmejorables del Embalse de Belesar.

Mientras me despedía pensaba en la meta final del ajetreado y caluroso día, la monumental y artística capital de la Ribeira Sacra me esperaba junto al río Cabe. En el parador, junto al castillo de la villa señorial de Monforte de Lemos, pasaría la noche después de la visita al Monasterio Colexio de Nosa Señora da Antiga y al Museo del Vino.

Paradas: Cabeza de Manzaneda, Castro Caldelas, Rectoral de Gundivós y Monforte de Lemos.

Visitar: Santuario das Ermidas, Rectoral de Gundivós, Monasterio Santo Estebo de Ribas de Miño, Castillo de los Condes de Lemos y museo de Nosa Señora da Antiga.

Ver: Castelo y pueblo de O Bolo, mirador de as Cadeiras, Monasterio Santa María de Ferreira, mirador y playa de A Cova, embalse de Belesar

Comer: A Pobra de Trives, Castro Caldelas.

Dormir: Monforte.

Ruta 2

MONFORTE – O COUREL – ANCARES

212 km

Desde el Parador de Monforte aproveché para dar un brevísimo paseo por el Conjunto Monumental de San Vicente do Pino, cuando me encontré peregrinos que seguían el camino de Invierno de Santiago. Subí a la Torre del Homenaje para llevarme una foto recuerdo de las vistas del Valle de Lemos y partir al Pazo Museo de Tor. Éste museo etnográfi co está considerado una de las mejores muestras de arquitectura palaciega rural del sur lucense y de las mejor conservadas en toda Galicia.

En lo alto del valle, da testimonio del lujoso modo de vida de la nobleza rural gallega en la Edad Moderna. Su habitación de invitados acogió como amigo de la familia al célebre poeta y escritor, Uxío Novoneira, nativo de O Courel. Así recitaba: “O Courel dos tesos cumes que ollan de lonxe” “O Courel de tiesas cimas que miran desde lejos”. Ese sería mi destino, rumbo a las sierras de O Courel y de Ancares!

Decidí acercarme a O Incio, antesala de O Courel con cimas redondeadas, muchos pastos y bosques de castaños. La iglesia de Hospital do Incio es un templo único en Galicia y en casi toda Europa Occidental. Me sorprendió su material de construcción, mármol azulado propio de la zona y extraído de una cantera cercana, es por ello la única iglesia románica de mármol en España. La leyenda cuenta que ésta fue construida en un solo día por el diablo al igual que otras muchas construcciones a lo largo de Galicia cuyo origen se pierde en los tiempos y que también fueron construidas en este breve espacio de tiempo, pero no por el diablo sino por los “mouros” (moros).

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Sorprendentemente el topónimo “hospital” se localiza en varios lugares de Galicia en referencia a la antigua ubicación de hospedajes y hospitales para peregrinos en camino hacia Santiago. Increíblemente este conjunto arquitectónico, tan espectacular como su entorno (véase el gran castaño junto a la iglesia), cuenta con fortaleza, hospedería, hospital e iglesia, porque acogía a peregrinos. Me fijé en la cruz de Malta (símbolo de los caballeros de la Orden de Jerusalén) de su tímpano, al parecer su construcción se debe a la orden de San Juan de Jerusalén.

A pocos kilómetros visité las ruinas del Balneario de Ferrería do Incio, lugar rodeado de montañas que rondan los 800 y 900 m. Estas sierras, fueron desde siempre recursos para la extracción de hierro debido a las numerosas vetas de este mineral tan usado, desde los primeros siglos de la historia. Además la abundancia de espesos bosques de árboles nobles proporcionaba abundante materia prima para transformar la madera en carbón vegetal, combustible necesario para separar las virutas de hierro y para la forja de herramientas. Aquí existió una gran herrería que dejó este topónimo y alguno más en los alrededores en referencia a este antiguo establecimiento. La abundancia de vetas de hierro y el acentuado desnivel de los valles, propiciaron que el agua filtrada por la montaña desde las zonas altas pasara por estas vetas creando las aguas minerales ferruginosas que dieron fama y vida a este valle y sobre todo a esta población. En 1982 se construyó el Gran Balneario y en su recinto se conserva una capilla barroca. Desgraciadamente, éste como gran parte de los balnearios de Galicia, pasaron a la ruina y al abandono.

Sin duda, O Courel es la gran reserva verde de Galicia con un rico patrimonio histórico y artístico. En Samos, con casas típicamente cubiertas con pizarra, se encuentra uno de los centros religiosos más importantes de Galicia, el monasterio benedictino de San Xulián de Samos. La fachada de su iglesia me dejó perpleja por su extraña horizontalidad y su escalera resulta familiar pues está inspirada en la de la portada de la Catedral de Santiago. Detrás del monasterio fui a dar con un oratorio mozárabe conocido como la capilla del Ciprés, llamada así por el corpulento árbol de 27 m. que la acompaña. Muchos son los peregrinos del camino francés, los que vienen a descansar y admirar uno de sus dos claustros, considerado el mayor de España. Me quedó como asignatura pendiente la degustación de truchas o anguilas tan típicas de allí, pero lo único que apetecía era un pequeño tentempié en una cafetería próxima al río Oribio, contemplando la corriente con sus truchas.

Podría parar en cualquiera de las poblaciones que pasaba, pero la que ciertamente merece un paseo es la de Seceda, declarada Aldea típica y Conjunto Etnográfico de Interés Turístico por la Xunta tras ser restaurada. Admirables los voladizos y salientes pronunciados de las casas, algunas unidas por pasadizos, de forma que ciertas calles empedradas casi parecen corredores o pasillos. Cerca está otra joya etnográfica, el Castro da Torre de Sobredo, uno de los mejor conservados de la zona.

El atractivo natural del paisaje me invitaba continuamente a perderme entre sus bosques y diversas rutas de senderismo como la de “Val das Mouras”, cerca de Ferrería Vella a orillas del Lor. Quedaría pendiente para mi próxima incursión a O Courel.

Pasé por Seoane, una de las principales localidades y quizás la más dinámica de O Courel. Interesante el museo etnográfico de la Ferrería de Seoane reconstruida en 1808 para construir armas con las que combatir a los franceses. Para los amantes de naturaleza, obligatoria la ruta de la Devesa de Rogueira conocida por la “Fonte do Cervo” característica porque de ella salen dos chorros de agua, una ferruginosa y otra calcárea, y sin mezclarse!.

Ya que de paisaje no se alimenta el cuerpo, me detuve como una peregrina más a repostar energías en el alto de O Cebreiro, con vistas hacia las tierras de León. Tras la visita a la Iglesia prerrománica de Santa María a Real de O Cebreiro me dejé caer en un restaurante a degustar productos autóctonos, tanto de corral como embutidos. Mientras bebía recordaba el milagro, que según la tradición se hizo real en la iglesia durante la celebración de una Eucaristía por un clérigo incrédulo (enterrado en la misma), cuando el vino se convirtió en sangre y el pan en cuerpo de Cristo. Cuentan que es el Cáliz de la Última Cena y que fue traído por algún caballero de la leyenda del Santo Grial. Éste es todo un símbolo de Galicia pues aparece en el centro del escudo de la comunidad. El “Santo Grial”, el cáliz y la patena, joyas del románico, se conserva en una vitrina en el templo. También hay un relicario donado por los Reyes Católicos para guardar las reliquias. Prohibido marcharse sin probar el untuoso queso de O Cebreiro, con Denominación de Origen, acompañado de miel de la zona.

Entré en territorio salvaje y fascinante, Os Ancares, que junto con O Courel conforman el mayor espacio natural de Galicia. Además es Reserva de la Biosfera en Galicia y Castilla y León. Os Ancares lucenses lo forman pequeños valles con sus pueblos y aldeas encajados entre picos de 2.000 m. de altura.

La ruta me llevó hasta un marco natural incomparable en lo alto de una colina donde se erguía el inexpugnable Castelo de Doiras. Ya en Piornedo me asombraron sus ancestrales viviendas circulares con el techo de paja, llamadas pallozas. En la Palloza Museo Casa Do Sesto, cerca de a Fonte do Marelo, descubrí que en éstas convivían personas y animales domésticos. Recomiendo la panóramica sobre la aldea desde la ermita de San Lorenzo. Desde aquí parte una senda al pico más alto de Ancares lucenses, Mustallar (1.935 m). Se han visto huellas de oso, puesto que Ancares es zona de paso del oso pardo y último reducto de su presencia en tierras gallegas.

Como telón de fondo para finalizar encontré un lugar idílico para cenar rodeado de montañas, el caserío de Meiroi. En A Proba, capital de Navia de Suarna, terminaba mi jornada, con su puente medieval de un arco iluminando el río Navia, célebre por sus truchas.

Paradas: Samos, Seoane do Courel, O Cebreiro, Navia de Suarna, A Proba de Navia..

Visitar: Pazo de Tor, Seceda, Monasterio San Xulian de Samos, Museo etnográfico da Ferrería de Seoane, Piornedo.

Ver: Iglesia San Pedro Fiz de Hospital do Incio, Balneario de Ferrería do Incio, Iglesia de Santa María a Real do Cebreiro, Castelo de Doiras, Palloza Casa Museo do Sesto.

Comer: O Cebreiro.

Dormir: A Proba de Navia.

Ruta 3

ANCARES – MARIÑA LUCENSE

216 km

Después de almorzar una buena tapa de pulpo en A Proba de Navia, salí inmediatamente para conocer el famoso lugar donde nace el Miño subiendo cara al norte y visitando los puntos más emblemáticos hasta llegar al mar Cantábrico.

Dejando atrás Ancares y sus montañas, fui atravesando frondosos bosques y numerosos ríos. Otoño es indudablemente, una de las mejores estaciones para perderse en estos bellos parajes.

En Fonteo, a pie de carretera y bajo los pies de un viejo castaño descubrí cómo brotan las aguas de la Serra do Mirador que dan lugar al nacimiento del río Eo, río salmonero por excelencia al que volvería a ver más adelante. Desde aquí se divisaba una espectacular fraga, A Marronda, una zona de bosque ancestral autóctono, que está declarada zona especial de conservación. Es una de las más importantes reservas de hayas en Europa suroccidental. Sus tonos dorados de otoño eran dignos de ser fotografiados.

En el bosque, además de una gran variedad de árboles y saltos de agua, hay diversas casas y hórreos abandonados, puentes, sequeiros (antiguas construcciones para secar castañas) y algún que otro molino de interés por la tipología arquitectónica de adaptación al medio montañoso.

Avanzando pasé por Meira para llegar al Pedregal de Irimia. Lo que más me impresionó es que había un río de piedras de unos 700 metros de longitud por las que subí mientras escuchaba el sonido de las aguas comenzando su recorrido. Aquí nace el Miño, el río más caudaloso de Galicia. Quien le iba a decir que acabaría desembocando a 350 kilómetros en el Océano Atlántico, después de bañar las provincias de Lugo, Ourense y Pontevedra.

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Según la leyenda hace muchos años los monjes del cercano Monasterio de Santa María de Meira fueron a cobrar impuestos a una mujer, con fama de bruja, llamada Irimia. Ésta se negó lanzándoles piedras que fueron creciendo hasta alcanzar el tamaño actual, mientras les decía:”nunca probareis las primeras aguas de este río porque es miño (mío)”. Mirando hacia arriba parece que el reguero de piedras nace de las eólicas. La línea de éstas marca la divisoria de corrientes. Cuando la lluvia cae al sur fluye cara al Miño desembocando en el Atlántico, pero si cae del otro lado del parque baja cara al Eo hacia el norte desembocando en el Cantábrico.

Emplazado en un hermoso valle ganadero llegué a Mondoñedo, capital de una de las siete provincias en las que se dividía Galicia hasta 1833. Descendiendo desde la alameda con el santuario de Nosa Señora dos Remedios, patrona de Mondoñedo, y el Hospital de San Pablo construido para albergar a pobres y peregrinos, me aventuré a explorar su atractivo casco histórico.

La catedral-basílica de la Asunción junto con la concatedral de Ferrol, es una de las sedes episcopales de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Se conoce como la “catedral arrodillada” por sus perfectas proporciones y escasa altura. En su interior sorprende cómo la luz se tiñe de múltiples colores al atravesar las vidrieras del rosetón de su fachada. Al lado del templo en la misma Plaza Mayor, está el Palacio Episcopal, el edificio del Consistorio viejo, hoy biblioteca y un hermoso conjunto de casas tradicionales con galerías y soportales, además del monumento a Álvaro Cunqueiro. Al pasar fui a dar a la Fonte Vella y por detrás de la catedral se veía el Seminario Conciliar de Santa Catalina. Más adelante está el barrio dos Muíños, con sus arquitecturas tradicionales, así llamado por la presencia de varias de estas construcciones, ya sin uso pero recién restauradas, entre las que destaca la hermosa fuente de Os Pelamios, de la que mana agua por cuatro caños.

Casualmente estaban preparándose para la Feria de San Lucas (18 octubre), uno de los célebres mercados de ganado equino y mular de la comunidad. Una de las fiestas grandes de la localidad que dura cinco días. Me acerqué al Ponte medieval do Pasatempo, envuelto en viejas leyendas que hablan de la retención y demora de doña Leonor de Castro, esposa del mariscal Pardo de Cela, por canónigos del obispo cuando ésta volvía de Castilla con el indulto de su marido firmado por los Reyes Católicos. Lástima que no llegara a tiempo de evitar la ejecución de su marido e hijo. Un postre tradicional a catar es la tarta de Mondoñedo, ideal para aquellos peregrinos que recorren el camino del Norte de Santiago que por aquí pasa.

Al pasar por Vilanova de Lourenzá, famosa por sus habas, visité el Monasterio de San Salvador, cuya fachada sirvió de ensayo para la del Obradoiro de la Catedral de Santiago. Para conocer un poco más de las técnicas de cultivo tradicionales de esta leguminosa que desde hace siglos se emplean en la Mariña Lucense, está el Centro de Interpretación da Faba.

En Ribadeo accedí a la Mariña lucense por el margen izquierdo de su ría, con los pies en Galicia pero la mirada en Asturias y el mar Cantábrico. El río Eo hace de límite entre las dos comunidades. La Ría de Ribadeo, Oscos y Terras de Burón, son Reserva de la Biosfera por su gran valor paisajístico y medioambiental. Es la más oriental y la que comunica Galicia con Asturias a través del puente de Os Santos, que cuenta con capilla en cada extremo. Su amplia llanura costera configura un espacio en el que se asientan aldeas y pueblos, campos de cultivo y montes.

No debería uno perder el contacto con el mar desde el puente de Os Santos, pasando por el Fuerte de San Damián y el Cargadoiro hasta el faro de Illa Pancha, bañada por las aguas azul turquesa del mar Cantábrico en contraste con los vivos colores de los matorrales costeros y acantilados. El esplendoroso pasado de la villa lo constaté paseando por el encantador centro histórico repleto de bellas construcciones indianas como la Torre dos Moreno, edificio modernista testigo de esa herencia indiana, influencia de la emigración gallega en América.

Continúe entre campos de la llanura litoral hasta la playa de Augasantas o de As Catedrais, monumento natural, para llegar con marea baja y poder pasear por su arenal. Increíble ver desde el borde del paseo superior como el mar esculpió en los acantilados todo un repertorio arquitectónico de arcos, columnas, bóvedas y furnas o cavernas. Este espacio protegido dentro de la Red Natura 2000, abarca un tramo costero de unos quince kilómetros de largo con arenales como el de os Castros y el pintoresco puerto de Rinlo, donde preparan un arroz con marisco muy sabroso.

Tras cruzar la ría de Foz, cerca de la basílica de San Martiño de Mondoñedo considerada la catedral más antigua de España, entre eucaliptales por sinuosas carreteras llegué a Chavín. Allí pude apreciar el Monumento Natural de Souto da Retorta o eucaliptal de Chavín, donde se encuentran algunos de los ejemplares de mayor altura y envergadura de Europa. No es de extrañar que el más grande de Galicia se conozca como “avó” (abuelo), con más de 67 m. de altura y 10,5 m. de perímetro. Apenas un kilómetro de paseo por este bosque de gigantes de más de 600 ejemplares para admirar sus colosales dimensiones. Se plantaron en el XIX para drenar los terrenos bajos como protección contra las inundaciones. Fue un religioso gallego quien trajo sus semillas desde lejanas tierras australianas donde había sido misionero. Este árbol invasor se adaptó tan bien a nuestro clima que se fue extendiendo masivamente por nuestra geografía.

Para terminar la jornada nada mejor que sentarse a ver caer el sol desde lo alto del mirador de San Roque en Viveiro, aprovechando la panorámica sobre su ria, el puerto de Celeiro y la playa de Covas. La capilla de San Roque sirve de referencia a los marineros tal y como reza la tradicional canción “Catro vellos mariñeiros: “Boga, boga mariñeiro, imos para Viveiro, xa se ve San Roque”. Ya en su casco histórico de origen medieval conviene admirar sus estrechas calles y puertas medievales como la de Carlos V, el Puente Mayor o de la Misericordia, la Calexa das Monxas y la Plaza Mayor.

Paradas: Mondoñedo, Vilanova de Lourenzá, Ribadeo, Viveiro.

Visitar: Catedral y casco histórico de Mondoñedo, Monasterio de San Salvador de Lourenzá, Ribadeo, Viveiro.

Ver: Fonteo, Fraga da Marronda, Pedregal de Irimia, Playa de As Catedrais, Souto da Retorta.

Comer: Mondoñedo.

Dormir: Viveiro.

Ruta 4

MARIÑA LUCENSE – ACANTILADOS DE LOIBA – COSTA ARTABRA – FRAGAS DO EUME

182 km

En esta Ruta partí desde Viveiro, dirección Oeste, donde poco a poco me fui rodeando de un manto verde, pero sin tardar demasiado en ver otra vez
el mar. En el municipio de O Vicedo, desde la carretera pude ver la playa de Arealonga que da forma de media luna a la ría de O Barqueiro. Divisé
el puente metálico de hierro forjado, que desde 1901 vino a suplir el servicio del barquero que le dio nombre a la villa. Allí pude contemplar como bajaba el río Sor hacia el mar, para dar lugar a estas formaciones tan características y a la vez tan maravillosas de Galicia, las Rías.

Continuando mi ruta, visita obligatoria fue Estaca de Bares, lugar donde el océano se convierte en mar. Es el punto más septentrional de la península Ibérica, donde se dividen el océano Atlántico y el Mar Cantábrico. En este cabo su faro domina sobre los acantilados desde mediados del siglo XIX, y muy cerquita está el antiguo semáforo de Bares, antiguo puesto de vigilancia convertido hoy en hotel de la naturaleza.

Volví sobre mis pasos hacia o Barqueiro y de allí dirección a Ortigueira, a menos de 1 km tomé el desvío hasta los acantilados de Loiba. Sentía una curiosidad inmensa por conocer aquel famoso lugar, tan fotografiado en los últimos tiempos. La carretera cada vez se hacía más estrecha, para finalmente convertirse en camino. Entre Estaca de Bares y cabo Ortegal se encontraba aquel lugar tan apacible, daba igual donde mirara, todo era cautivador. Quise captar aquel lugar con una fotografía desde el Banco más bonito del mundo. Hubiera permanecido allí durante horas, pero me quedaba todavía mucho por ver y recorrer.

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Enseguida llegué a Ortigueira, me sorprendió muchísimo la cantidad de gente que había por sus calles, se estaba celebrando el “Festival Internacional do Mundo Celta”, evento que reúne a bandas de música celta de todo el mundo. Fue en el mes de Julio, tomé nota.

Siguiendo mi camino, llegué hasta Cariño, nombre que no deja de sorprender cuando se habla de un pueblo. Al final de este municipio circulé por una carretera llena de curvas y acantilados, que me condujo hasta el Cabo de Ortegal. En esta zona de Galicia las lenguas de tierra y sus esbeltos faros sobre escarpados acantilados, dan lugar a un paisaje único y con carácter propio. Aquel entorno no dejaba de sorprenderme, concretamente allí, la cercanía del mar bravo y sus famosos “Aguillóns”, islotes de roca.

Decidí hacer mi descanso en Cariño, empezaba a tener hambre. Pueblo marinero en el corazón de las rías Altas, lugar perfecto para degustar un trocito de la gastronomía de esta zona, basada en productos frescos del mar.

Después de reponer fuerzas, volví a mi moto para continuar. Lo que yo aún no sabía es que lo más impresionante estaba por llegar. Saliendo de Cariño tomé el desvío hacia Santo Andrés de Teixido, y empecé el ascenso hacia a A serra da Capelada. Aunque mi intención era llegar al santuario, que como reza el dicho: “a San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo”, a medida que avanzaba más me impresionaba lo que estaba viendo. Cuando llegué al punto más alto me dispuse a parar, en el mirador conocido como Vixía de Herbeira. Aquí dejé mi moto estacionada y seguí el sendero a pie en dirección al mar, desde la carretera se puede ver la garita del siglo XVIII, reconstruida en 1803 como parte de un sistema de vigilancia marítimo.

Cuando llegué al final, me quedé completamente fascinada. Estaba a unos 630 m de altura, divisando unos acantilados verdaderamente imponentes, donde el océano y el cielo se fundían en el infinito. Me ví tan pequeña frente aquello tan grandioso, que es imposible describir al detalle lo que sentí.

Después de quedarme prendada con este mirador, me quedaba el santuario. Desde aquí la carretera comenzaba a descender, hasta llegar a un pequeño pueblo ubicado en un emplazamiento recóndito, envuelto en acantilados y vegetación donde campan a sus anchas caballos salvajes. Bajé caminando, y en el centro de ese espectacular paisaje, mirando hacia el inacabable y poderoso océano Atlántico se encontraba el Santuario de Santo André de Teixido. Parecía una postal, me sentí en un lugar ¡tan mágico!. En aquel momento yo había cumplido, ya no volvería de muerta en forma de alma, sapo o culebra. Según cuenta la leyenda, San Andrés se levantó triste un día, ya que todo el mundo iba a visitar a Santiago y nadie a su santuario, Dios le dijo “ve tranquilo Andrés, te prometo que nadie pisará el reino de los cielos sin antes haber pasado por aquí. Y si no lo hace en vida habrá de acudir de muerto. Así es como se convierte este santuario en lugar de peregrinación. Existe todavía hoy este camino, y está indicado con sardinas, ya que San Andrés era pescador.

La tradición es beber de la fuente de los tres caños, dejar caer una miga de pan y si flota se cumplirá tu deseo. Muy famosa es también “a herba de namorar” para conseguir el amor pretendido.

Dejé Teixido embriaga todavía de tanta belleza para llegar a Cedeira. Una vez en el pueblo crucé el rio Condomiñas y accedí a una de las calles más emblemáticas de la localidad, repleta de casas con galerías, al final de esta calle pude ver la playa de la Magdalena y el comienzo de la ría de Cedeira.

Habiendo pasado ya esta localidad, la carretera continuaba bordeando la ría. Pasé la zona de Esteiro donde el río “Das Mestas” buscaba su salida al mar. En Valdoviño cogí la variante hacia la playa da “Frouxeira”, en cuanto pude ver el mar vi también un buen grupo de surfistas, acostumbran a estar por allí, ya que esta playa tiene muy buenas condiciones para este deporte. Seguí la carretera que bordea el arenal para tener una mejor perspectiva de esta playa y su laguna; otra vez me ocurría que el asfalto se convertía en tierra.

Después de aquí y por una zona de interior, llegué a la comarca de Ferrol, entré en la ciudad para hacer un pequeño recorrido con mi moto por el barrio de Canido, ya que allí se encuentran las famosas Meninas de Canido. Una gran muestra de arte urbano, algo que surgió de manera casi accidental cuando un artista local, Eduardo Hermida quiso dar color a una fachada. Hoy se ha convertido en una exposición de más de 300 murales con diferentes y variadas versiones de las Meninas de Velázquez, hechos por diferentes artistas. Me quedé totalmente asombrada de cómo habían conseguido convertir el barrio en un museo al aire libre.

Continué mi camino y a la altura de Narón crucé un puente sobre la ría de Ferrol, la cual fue elegida como lugar estratégico para los navíos de la armada dadas sus condiciones naturales: boca estrecha para abrirse después y hacerse más amplia, características perfectas para la creación de su sistema defensivo formado en sus inicios por tres castillos del siglo XVI, (de los cuáles el mejor conservado es el de San Felipe), y a los que se unirían otros dos en el S.XVIII para reforzar la seguridad.

Me fui siguiendo la parte sur de la ría, desde allí pude ver Ferrol desde otra perspectiva. Llegué hasta Mugardos, pintoresca y pequeña villa marinera. Hice una parada en este lugar, no pude resistirme a probar el famoso pulpo a la mugardesa, estaba exquisito.

Tocaría después Pontedeume, ría de Ares. Me adentré en el Parque Natural de Las Fragas del Eume. Laderas y montes que acompañan al río Eume formando un bosque atlántico caducifolio en donde el árbol dominante es el “carballo”, el roble gallego. En medio de esta naturaleza singular se encuentra el Monasterio de Caaveiro. Aquí sí tuve que dejar mi moto y caminar hasta el monasterio, no me importó, el lugar valió la pena.

En Pontedeume visité la torre de los Andrade hoy oficina de turismo, la iglesia de Santiago y también el casco histórico. Pero lo que más me gustó fue la cantidad de bares de tapas que hay allí. Bajo los soportales se montan tablas a modo de barras y la gente cena de pie, mientras charlan. Me sorprendió mucho que hubiese tanto ambiente. Aquí decidí pasar la noche.

Paradas: Mondoñedo, Vilanova de Lourenzá, Ribadeo, Viveiro.

Visitar: Catedral y casco histórico de Mondoñedo, Monasterio de San Salvador de Lourenzá, Ribadeo, Viveiro.

Ver: Fonteo, Fraga da Marronda, Pedregal de Irimia, Playa de As Catedrais, Souto da Retorta.

Comer: Mondoñedo.

Dormir: Viveiro.

Ruta 5

FRAGAS DO EUME – COSTA DA MORTE

284 km

Inicié una nueva ruta desde la histórica villa de Pontedeume adentrándome en la ría de Betanzos y allí en lo alto, entre los ríos Mendo y Mandeo, rodeada de cultivos de uva que después se convertirán en Vinos con Indicación Geográfica Protegida Betanzos, me dispuse a visitar la localidad. En su conjunto histórico artístico destacan 2 monumentos nacionales en la misma Plaza: Santa Mª do Azogue y San Francisco. Del interior de la primera de las iglesias góticas me llamó la atención el capitel con el único calendario agrícola de Galicia y su retablo del altar mayor.

En San Francisco me encontré con el sepulcro de Fernán Pérez de Andrade sostenido por un oso y un jabalí, entre otros sepulcros de caballeros medievales. Linajes importantes habitaban la localidad en la Edad Media. Betanzos es conocida también como la ciudad de los caballeros y la capital de las Mariñas. Cuenta con un gran parque enciclopédico llamado O Pasatempo que es obra de los hermanos García Naveira; ricos indianos que impulsaron actividades culturales y benéficas en la villa a finales del siglo XIX. Réplicas de estatuas, murales de obras de arte conocidas, costumbres de otros pueblos… todo ello inmerso en paseos, cuevas y lagos artificiales, aprovechando los manantiales naturales y canalizando el agua. “Los husos horarios en el mundo”, “La fuente de Cupido”, “Los cristianos en el circo”, son algunos de los temas.

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Me marché dispuesta a descubrir A Costa da Morte, temida por los navegantes ya que en ella han ocurrido numerosos naufragios. Agreste franja costera con playas inmensas, acantilados, fuertes corrientes y repentinos temporales. Allí manda el mar.

Justo antes de llegar a la costa, me detuve en Buño para visitar el Ecomuseo Forno do Forte. Tuve la oportunidad de sentarme al torno y practicar con mis propias manos como una alfarera tradicional, siguiendo las indicaciones de un experto.

Ya en Malpica de Bergantiños, me encontré en su puerto con una considerable flota de bajura, destacando en ella las embarcaciones de cerco. Su lonja oferta también percebes. Fue puerto ballenero en el S. XVII ya que vigilaba el paso de las ballenas con las islas Sisargas frente a su costa. La playa de Canido se encuentra del otro lado de la península.

Seguí mi ruta dejando una costa abrupta e irregular con faros y cabos como el del Roncudo, que debe su nombre al ruido ronco que hace el mar cuando rompe en su costa. Crucé el río Anllóns y empecé a ver la ría de Corme e Laxe. En esta última localidad decidí parar en su puerto para degustar sus famosos percebes.

Reconfortada con el aperitivo, continué mi camino pasando por los Los Penedos da Pasarela e a Traba, que me saludaron airosos desde sus 274m de altura. Este conjunto de gigantescas piedras forma 4 cumbres que ofrecen miradores estupendos rodeando el valle del Traba. Me dirigí a ver el legado de Man en Camelle. Manfred Gnädinger llegó a esta costa en 1962 y atraído por la belleza de sus formas, decide establecerse y comienza a vivir en armonía con la naturaleza realizando distintas obras de arte. El alemán de Camelle acabó viviendo en plena costa, en su museo, defendiendo una serie de valores que integraban el arte en la naturaleza. Murió, dicen que de pena, poco después de que el Prestige tiñera de negro la costa con el chapapote.

Esta peligrosa costa fue testigo de muchos naufragios, como así lo atestigua el Cementerio de los Ingleses, que recuerda la tragedia del Serpent, buque de la Royal Navy que encalló en 1890 sobreviviendo sólo tres marineros. Las 172 víctimas reposan en este lugar que está incluido en la Ruta Europea de Cementerios Singulares, reconocida como Itinerario Cultural Europeo. A la derecha del cementerio se encuentra la mayor reserva de “camariñas” de Galicia. Este arbusto autóctono, la camariña (Corema álbum), es hoy una especie protegida, y dio su nombre a la localidad de Camariñas.

Me detuve en el Faro de Cabo Vilán, uno de los más emblemáticos de Galicia. Aquí se inauguró el primer faro eléctrico de las costas españolas (1896), y me llamó la atención el túnel cubierto que une el edificio de los fareros con la linterna por uno de los lados del acantilado.

En el pueblo marinero de Camariñas, conocido por sus elegantes encajes de bolillos con filigranas, realicé mi parada técnica para comer. Ansiaba deleitarme con los manjares marinos que me ofrecía el lugar.

Satisfechas mis expectativas culinarias y de nuevo sobre la moto, me fui recreando con la ría de Camariñas hasta cruzar Ponte do Porto. Desde la carretera vi el monasterio románico de San Xián de Moraime. Antiguo cenobio benedictino que lleva en pie desde el siglo XII. Obra de la escuela del Maestro Mateo, famoso escultor del Pórtico de la Gloria de la catedral compostelana. Ya en Muxía, atravesando el pueblo, me llamaron la atención los secaderos de congrio. Son los únicos que se conservan de los muchos que había antiguamente en el Norte de la Península.

Un tremendo santuario desafiante al Océano me estaba esperando: A Nosa Señora da Barca. Es uno de los lugares de peregrinación más antiguos de Galicia: el Camiño Xacobeo de Santiago a Muxía-Fisterra. Cuenta la leyenda que la Virgen llegó en una barca de piedra para dar ánimos al Apóstol Santiago. El imponente templo está rodeado de piedras gigantescas con nombre propio: “Abalar”, “Cadrís” “ Namorados” y “ Temón”. En su interior, la Virgen está acompañada de pequeños barquitos ofrendados por marineros en agradecimiento a la Virgen.

Directa a Fisterra, realicé este tramo pensando en las leyendas, creencias, rituales y romerías marineras que se suceden en esta costa. Atravesé sus angostas callejuelas y ya en la carretera al faro, pasé la iglesia de Santa María de Fisterra y las ruinas del antiguo hospital de peregrinos. El desfile de peregrinos caminando hacia Cabo Fisterra era cada vez mayor. Antes de acercarme al faro, decidí seguir la carretera hacia el Monte do Facho para gozar de la perspectiva. Un par de curvas más y me di cuenta de que no era la única que se disponía a otear el paisaje desde allí. Mereció la pena. Me acerqué al famoso faro con el Ara Solis en la cabeza. Según la tradición, los romanos encontraron un altar del sol en este lugar. No es de extrañar, ya que las puestas de sol deben ser espléndidas.

Después de esta paradita, me dirigí a la Fervenza do Ézaro, para ver la espectacular cascada del río Xallas en las laderas del Monte Pindo. Está considerado el único río de Europa que llega al mar en cascada. Hermosas vistas sobre la ensenada de O Ézaro.

Tocaba ver dos de los más grandes hórreos de Galicia, por eso en Carnota me acerqué hasta la iglesia de Santa Comba primero y luego a la de Lira para ver sus conjuntos de hórreo y palomar.

Pasé Lariño, esquivé la laguna y el Monte do Louro, y vi las ensenadas de San Francisco y de Seixido antes de aparcar mi moto en Muros, en donde decidí pasear por sus callejuelas. Su conjunto histórico artístico cuenta con buenas muestras de arquitectura popular; destacando las fuentes, las viviendas marineras y su arquitectura noble. Bajos asoportalados en arco apuntado, balcones corridos con barandillas de hierro, caserones góticos y barrocos, edificios modernistas con galerías acristaladas…fue un placer deambular por la calle Real, Peixería Vella, Mariña, el Mercado de Abastos y la antigua colegiata de Santa María do Campo. En el puerto disfruté de una buena cena y di por terminada mi ruta del día después de recorrer la sinuosa y desafiante orografía de A Costa da Morte. Bien merecido tenía el descanso.

Paradas: O Pasatempo, Legado de Man de Camelle, Faro de Cabo Vilán, A Nosa Señora da Barca, Faro de Fisterra, Fervenza do Ézaro, horreos de Carnota.

Visitar: Betanzos, Buño, Muros.

Ver: Penedos da Pasarela e a Traba, Cementerio de los Ingleses, San Xián de Moraime, secaderos de congrio en Muxía.

Comer: Laxe, Camariñas.

Dormir: Muros.

Ruta 6

RÍA DE MUROS E NOIA – RÍA DE AROUSA

190 km

Tras un buen descanso en la villa marinera de Muros, inicié mi camino para descubrir la ría de Muros y Noia por la mañana y la de Arousa por la tarde.

Haciendo la ensenada de Muros dejé a mi derecha uno de los molinos de mareas que hay en la costa gallega, pero éste en concreto presume de ser uno de los más grandes de España: el Muiño de Mareas do Pozo do Cachón. Cuenta la tradición que antiguamente la gente acudía a este lugar a los “baños de Santa Rita”, para curar enfermedades a base de baños de algas y aguas marinas.

Disfruté de una conducción tranquila al recorrer las ensenadas de Bornalle y Esteiro, y de los múltiples ríos y riachuelos que desembocan en esta costa: Rateira, Mondelo, Maior, Cernadas, Pipe, Bendimón, Outes, Entíns, Rial, Donas… con razón se habla de la tierra de los 1.000 ríos en Galicia!

Al llegar al río más importante de todos ellos, el Tambre, me desvié hasta A Ponte Nafonso para ver uno de los puentes de origen medieval más largos de toda Galicia. Con sus 270 metros de largo, hoy conserva 20 de los 27 arcos iniciales.

Noia fue parada obligatoria. Empecé, por la iglesia de Santa María A Nova que ocupa el centro de la “Quintana de Mortos” (cementerio). Lo curioso de este lugar son sus lápidas medievales que tienen representados los símbolos de los oficios. Ancla para el marinero, pico y maza para el cantero, tijeras para el sastre, cuchillo para el carnicero…

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Me llamó la atención el “Cruceiro” con baldaquino (siglo XVI) ya que lo normal es que estas cruces estén al aire. Luego me enteré de que sólo existen 2 de estas características en toda Galicia.

Sus agradables callejuelas me llevaron a la Plaza del Tapal, con su “cruceiro” y la iglesia de San Martiño. Su portada me sorprendió, ya que aparecen los ancianos del Apocalipsis representados con instrumentos de música, lo que me recordó el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago y en seguida me vino a la mente el apodo de la localidad “la pequeña Compostela”.

De nuevo rodando por el lado sur de la ría hacia Baroña, en el municipio de Porto do Son, para visitar su famoso castro. Tocaba “cultura castreña”, así se llama todo lo que tiene que ver con estos lugares. Situado en una pequeña península, el asentamiento de la Edad de Hierro estuvo habitado hasta el siglo I d.C. Esta pequeña joya arqueológica es uno de los castros marítimos mejor conservados de Galicia, tiene 20 viviendas circulares y ovaladas rodeadas de 2 murallas. Es impresionante imaginar cómo desarrollaban la vida en este lugar… La perspectiva desde lo alto del castro bien merece la pena.

Continué mi ruta y me desvié para hacer una paradita en la Playa de las Furnas. Este paraíso escondido ha sido escenario para rodar alguna película (Mar Adentro) y últimamente una serie de gran éxito (Fariña). Al margen de estas curiosidades, es una playa salvaje con oleaje bravo, por eso es también un paraíso para los surfistas.

Siguiendo el camino, me encontré con el Dolmen de Axeitos, considerado el Partenón del arte megalítico de Galicia. Esta tumba colectiva se encuentra en medio de una “carballeira”(robledal) y era conocida como “A Pedra do Mouro” debido a las múltiples historias que relacionan estos lugares con seres mitológicos y tesoros ocultos.

Subí en ascenso pronunciado y con curvas de herradura hasta el Monte Tahume. Desde su cumbre (242metros), pude disfrutar de unas vistas estupendas sobre el espacio protegido del Parque Natural Marítimo Costero de las Dunas de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán.

El parque, con un extenso sistema dunar de gran valor natural y paisajístico, alberga muchos tipos de hábitats en un espacio relativamente reducido, y es uno de los más visitados de Galicia. La gran duna móvil tiene 1km de largo, unos 250m de ancho y 20m de altura. La superficie total del parque es de 1.000 hectáreas, en donde las aguas dulces de la Laguna de Vixán, y las saladas de la laguna de Carregal junto al complejo dunar, hacen que 3.000 aves acuáticas vivan allí: cercetas, zarapitos, patos-cuchara, correlimos, chorlitejos.

El puerto de Corrubedo ofrece varios restaurantes para reponer fuerzas, y su emplazamiento es fantástico.

Después de la comida, me acerqué al Faro de Corrubedo y desde allí seguí mi camino hacia los puertos pesqueros de Riveira, pasando por su fachada litoral, y continuando por A Pobra do Caramiñal, Escarabote, Boiro,… y todo el rato acompañado de la Sierra del Barbanza a mi izquierda. Cruzando el río Ulla, me llamaron la atención las Torres de Catoira.

Estas ruinas medievales (siglo IX) se construyen por orden del obispo de Santiago para frenar las incursiones de normandos y sarracenos hacia Santiago. A su lado hay una pequeña capilla dedicada al apóstol. Crucé el puente cuando estaban preparando la famosa “Romería Vikinga”.

Al pasar por Carril vi Cortegada, una de las islas del Parque Nacional das Illas Atlánticas, el único parque nacional de Galicia. Es también conocida como la isla de los laureles, por su bosque laurisiva. Me contaron que en ocasiones es posible ver a las mariscadoras trabajar en esta zona de la ría que es abundante en almejas.

Dejando Vilagarcía de Arousa a mi espalda, me dirigí a conocer el Pazo de Rubiáns en donde tenía contratada una visita guiada. Caminando entre viñedos y camelias fui descubriendo este Jardín de Excelencia Internacional. El interior del pazo, la historia del Señorío que da nombre a Vilagarcía, sus 4.500 ejemplares de camelias, y sus emparrados de uva albariña, fueron suficientes para convencerme a realizar esta visita, en donde supe de sus bodegas y su interesante historia.

Rumbo a la Illa de Arousa, crucé los casi 2 kilómetros de puente que desde 1985 unen esta localidad con el continente y me dirigí a recorrer uno de los ayuntamientos más jóvenes de España, ya que fue creado en 1997 al escindirse de Vilanova de Arousa.

Bordeé la isla hasta llegar al “porto do Xufre”, en donde abundan las embarcaciones de pesca tradicional. La isla también cuenta con el Parque Natural del Carreirón: este paraje se sitúa en una península y ofrece múltiples playas y calas, además de senderos para recorrerlo.

Después de relajarme en el parque, me adentré en el Salnés, tierra de vinos en donde hay multitud de bodegas. Elegí Quinteiro da Cruz y, curiosamente, me encontré mucho más que una bodega con 3 hectáreas de viñedos: pazo, hórreo y un jardín botánico espléndido. Catalogado como jardín de excelencia según la International Camellia Society.

A continuación fui a visitar Cambados donde se celebra la fiesta vinícola más antigua de Galicia desde 1953: la fiesta del albariño. La uva albariña es la reina del cultivo en la península del Salnés. En Cambados, me habían recomendado la Plaza de Fefiñáns, y no me defraudó en absoluto, con su imponente Pazo del mismo nombre, y la iglesia de San Benito.

Ya para finalizar mi completo recorrido del día, puse rumbo a la península de O Grove, donde esperaba encontrar playas, aguas termales y productos del mar. Me acerqué hasta San Vicente do Grove antes de subir al Mirador de Siradella desde donde disfruté de unas vistas espectaculares sobre los arenales de la playa de La Lanzada. Como broche final di la vuelta a la Isla de A Toxa, conocida por sus aguas termales, pasando por su capilla de conchas blancas, las primeras instalaciones de la fábrica de cosméticos La Toja, y su Gran Hotel. Al cruzar el elegante puente modernista vi multitud de bateas dedicadas especialmente al cultivo del mejillón, lo que me predispuso más a una buena cena y a un más que merecido descanso en el pueblo de O Grove después de mi primer encuentro con las Rías Baixas.

Paradas: Playa de las Furnas, Dolmen de Axeitos, Monte Tahume, Carreirón, Cambados, Mirador de Siradella.

Visitar: Noia, Baroña, Pazo de Rubianes, Bodega Quinteiro da Cruz.

Ver: FMuiño de Mareas do Pozo do Cachón, A Ponte Nafonso, Dunas de Corrubedo, Torres de Catoira, Porto do Xufre, A Toxa, bateas.

Comer: Puerto de Corrubedo (pueblo) y O Grove.

Dormir: O Grove.

Ruta 7

RÍA DE PONTEVEDRA – O MORRAZO – RÍA DE VIGO – MIÑO

211 km

Quise madrugar aquella mañana ya que hacía un día espléndido y tenía que aprovecharlo. Salí de O Grove hacia Sanxenxo, crucé una carretera que bien podría ser un puente, ya que estaba rodeada de agua. Y es que hasta el siglo XVII O Grove era una isla, por eso estas características. A mi derecha veía las dunas de la Lanzada ocultando el océano Atlántico, y a mi izquierda dejaba la amplia y rica Ría de Arousa. La calzada que transitaba era un istmo de arena, que se fue formando de manera natural, esto dio lugar a la península de O Grove.

Continué por esta carretera acompañada de unas vistas muy atractivas, en ese momento no se veía tierra al otro lado del mar como es lo habitual en emplazamiento de Rías. Estaba en una zona expuesta totalmente al océano, justamente saliendo de la Ría de Arousa, para entrar más tarde en la Ría Pontevedra. Dejé a mi derecha la Ermita de la Lanzada, construcción románica situada en un saliente de tierra. Un lugar mágico, de estos que tanto abundan en Galicia, unido a rituales relacionados con la fecundación, dónde aparecen elementos naturales como las rocas y el mar mezclándose con lo sagrado. Según cuenta la tradición, las mujeres con problemas para concebir acudían a este lugar o bien la noche de San Juan, o bien la víspera de la festividad de la Virgen.

Justo detrás de la iglesia se encuentra “la cama de la Santa”, un hueco entre las rocas en el cual las parejas debían consumar el acto sexual. Para completar el ritual la mujer debía acercarse a la playa de la Lanzada y mojar su vientre con las 9 olas, así no tardaría mucho en llegar ese embarazo tan deseado.

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Pude tener también desde esta misma carretera una perspectiva alucinante y a la vez cercano archipiélago de Ons, una de los integrantes del Parque Nacional das Illas Atlánticas. Un poquito más adelante en la distancia, su hermano mayor, el archipiélago de Cies. Fue un trayecto corto pero muy agradable, arenales blancos rodeados de rocas y  vegetación, el mar color turquesa, el sonido de la naturaleza, el olor a salitre… con razón los gallegos son tan celosos de lo suyo.

Pasé por la playa de Baltar en Portonovo, estaba entrando ya en la ría de Pontevedra y en el municipio de Sanxenxo, conocido como “La Marbella gallega” por su afluencia de turismo.

Mi próxima parada sería Combarro, una vez allí bajé en dirección al centro, dejé mi moto y me acerqué caminando al centro histórico. Me sorprendí con lo que allí me encontré, un pequeño pueblo con un encanto especial. Casa típicas, calles de piedra, escaleras esculpidas en la propia roca, un cruceiro casi en cada cruce, hórreos por todos los rincones… parecía sacado de un cuento, me quedé entusiasmada. Me detuve a tomar un café en una de las tantas tascas que había, ya que era todavía temprano para el pulpo, o la empanada de maíz de berberecho que allí preparan tan bien.

Después de conocer un poco más sobre el Hórreo, de saber que está bajo protección de patrimonio, y que muy cerca de aquí estaba uno de los más grandes de Galicia, y además pertenecía a un monasterio decidí acercarme.

Visité el Monasterio de San Juan de Poio donde se mezclan gótico, renacentista y barroco. Entré en su iglesia del S.XVII, allí estaba Santa Trahamunda, muy desconocida para muchos pero considerada la santa de la “morriña” esa que tanto sufren los gallegos. Sus claustros del S.XVI y del S.XVIII, me gustaron, pero sin duda lo que más me sedujo fue el mosaico que decora las paredes de uno de ellos. En él se representa el camino de Santiago francés, desde París hasta Santiago plasmando en él, los monumentos más importantes y las diferentes clases de peregrinos. Mide 80 metros de largo por 2,60 de alto, ¡una maravilla!. A la salida me encontré con el famoso hórreo, éste a diferencia de lo habitual tiene tres filas de pies en lugar de dos, algo que lo hace diferente.

Volví a mi camino, dirección Pontevedra, estaba muy cerquita, en pocos kilómetros rodeé la ciudad del Lérez para continuar dirección Marín. Comencé a recorrer la ría de Pontevedra por su parte Sur, estaba entrando en la comarca del Morrazo.

Pasé por el centro de Marín, puerto grande e industrial, vi también la escuela Naval Militar y continué hasta Bueu; Pueblo marinero y muy tradicional. Desde allí seguí dirección Beluso y después Aldán para tomar la carretera que me llevaría directa hasta Cabo Home. Allí estaba la famosa caracola que en tantas fotos había visto, aquí no había asfalto, era tierra pero transitable. Me fui a la izquierda, el camino fue muy  agradable rodeada a su inicio de pinares y después de mar. Fui avanzando hasta llegar al faro, un sitio alucinante en plena naturaleza y dominando, el Océano.

Era ya tarde, y mi estómago empezaba a quejarse,  así que decidí comer allí mismo. En un lugar como aquel tenía que comer producto del mar, pedí un rodaballo, estaba exquisito.

Siguiendo el consejo del personal del restaurante me dispuse a subir al “Monte do Facho”,  me dijeron que desde allí tendría las mejores vistas. A medida que ascendía iba dejando atrás las viviendas del castro. Cuando llegué arriba fue increíble, sentía el viento e mi cara, apreciaba la inmensidad del océano y muy cerca de mí las islas Cíes, como un paraíso,  parecía que podía tocarlas. Ahora entendía que en otra época las llamaran “Islas de los Dioses”.

Después de una buena inyección de energía reanudé mi marcha por la península del Morrazo, cruzaría ahora los pueblos de Cangas y Moaña. Estaba ya en la ría de Vigo, y al otro lado podía ver la ciudad más grande de Galicia. Crucé el puente de Rande sobre la ría, no voy a negar que me impresionó.

Continué por la autovía hasta Nigrán, allí pasé muy cerca de Panxón y de la playa Patos una de las preferidas por los de  surfistas. Siguiendo la costa llegué a Baiona. Después de pasar el paseo marítimo y su puerto deportivo entré con mi moto a la Fortaleza de Montreal, hoy parador. Ubicado en un lugar excepcional, península do Boi. Allí hice un descanso para pasear por sus murallas y contemplar las buenas vistas.

Mi próxima visita sería al monte de Santa Trega. Para ello tomé la carretera de la costa, el paisaje cambiaba en relación a todo lo que había visto durante el día, aquí la rías se convirtieron en océano y los arenales en rocas. Un paisaje distinto pero para nada menos atractivo. Había muchos peregrinos ya que por allí pasa el camino Portugués de la Costa.

Llegué a A Guarda, y subí con mi moto al monte. A medida que ascendía iba rodeando la montaña, y disfrutando de dos perspectivas diferentes: a un lado estaba el pueblo y al otro la desembocadura del rio Miño, frontera natural con Portugal. A mi paso pude ver cómo vivían los antiguos residentes de uno de los castros más importantes de Galicia. En la parte más alta dejé mi moto. Aproveché para visitar el museo, allí se exponen las piezas encontradas en las excavaciones. También entré en la Ermita donde se encuentra la  imagen de la virgen Santa Trega.

Salí de A guarda en dirección Tui, cambiaba el paisaje del mar por el de río, el bosque y las rocas por los huertos y viñedos, estaba en el Baixo Miño, la huerta de la provincia y tierra de Albariño. Llegué a Tui, y caminando me adentré en su casco histórico dominado por su catedral. Catedral de Santa Maria de Tui, un edificio románico – gótico de  gran grandeza. Visité el templo, su Museo y desde su claustro accedí a su mirador. Desde éste pude contemplar las fabulosas vistas sobre el rio Miño, el puente internacional del siglo XIX y al otro lado Portugal.

Después de este día tan ajetreado, recorriendo una buena parte de las Rias Baixas subida a mi moto, elegí Tui para cenar y descansar.

Paradas: Combarro, Poio, Cabo Home, Baiona, A Guarda.

Visitar: Monasterio de Poio, Fortaleza Montreal, Ermita y Monte Santa Trega, Catedral de Tui.

Ver: Playa de la Lanzada, Isla de Ons, Sanxenxo, Ría de Pontevedra, Ría de Vigo, islas Cíes, Nigrán, A Guarda y Tui.

Comer: Cabo Home o Cangas.

Dormir: Tui.

Ruta 8

TUI – ARBO – RIBADAVIA – CELANOVA – MONDARIZ BALNEARIO

310 km

Saliendo de Tui me dirigí a Arbo, municipio incluído en una de las cinco subzonas de producción de vino de la D. O. (Denominación de Origen) Rías Baixas, Condado do Tea.

En el Centro de Interpretación do Viño e da Lamprea “Arabo”, comprendí la enorme vinculación histórica de los arbenses con el vino y la lamprea. Me enseñaron las artes de pesca y captura, las pesquerías (construcciones pétreas para pescarlas) o estacadas. Hay una ruta de la lamprea que recorre miradores, paseos, puentes y capillas entre otros elementos.

Una de las fiestas concurridas que Arbo celebra a primeros de Agosto es la de la “lamprea seca”. Además ofrece multitud de restaurantes donde degustar este manjar de muy diversas maneras.

Interesante saber que los romanos extrajeron no sólo oro, sino también las preciadas lampreas que pescaban para enviárselas al César a Roma, quien celebraba exuberantes banquetes de este delicioso manjar. Dice la leyenda, que los romanos también las usaban como método de tortura: introducían en grandes tanques de agua a los “pecadores” con éstas, para que con sus mandíbulas dentadas se nutrieran de sus víctimas.

Tras recorrer la carretera paralela al Miño, crucé el embalse de Frieira, el último que retiene sus aguas antes de llegar a su desembocadura y llegué al balneario de Cortegada, cuya agua brota espontáneamente de un manantial. Tanto en Cortegada como en Arnoia, además de disfrutar de sus aguas termales, hay la posibilidad de navegar en un catamarán que permite gozar de las vistas del valle del río Miño.

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Continué por Prexigueiro conocido por sus termas al aire libre y en la aldea de Francelos encontré una pequeña joya del arte prerrománico, la iglesia de San Xes, caracterizada por su fachada con ventanas y otros elementos decorativos del arte mozárabe del IX.

En la comarca del Ribeiro me recibía su capital, Ribadavia, como su nombre indica en la ribera del río Avia. Es la villa más antigua de Galicia en cuanto a la producción de vino, también cultivado a orillas del Miño, Arnoia y Barbantiño. Es difícil no caer en alguna de sus bodegas y saborear con calma una taza del famoso vino de O Ribeiro, pues está en la ruta del Vino del Ribeiro.

Sus viñedos aparecen salpicados sobre valles y laderas de acusada pendiente ya que los agricultores fabricaron terrazas para facilitar el cultivo, trabajando la pendiente en bancales llamados “bocarribeiras” o “socalcos”.

Sorprendentemente los monjes del Císter del cercano monasterio de San Clodio, hoy hotel monumento, introdujeron el cultivo de la vid para garantizar el suministro de vino para la misa, cuidando a su vez de las variedades autóctonas que hoy les dan prestigio en todo el mundo.

Paseando por el centro histórico y antiguo barrio judío de Ribadavia, descubrí su pasado a través de su rico patrimonio monumental y cultural. Con iglesias románicas como la de San Xoán y de Santiago, la antigua Casa da Inquisición y el Castillo de la familia Sarmiento.

Desde el antiguo recinto amurallado se divisa el convento franciscano que, al igual que el dominico, se encuentra fuera de la muralla. Entré en la iglesia de Santo Domingo para buscar la figura del gaitero labrada en granito.

No os marcheis de Ribadavia sin antes probar la carne richada acompañada de su vino D. O., y para sobremesa nada mejor que unos dulces hebreos y un vino tostado o un licor café. Y que coincida, como en mi caso, con la Festa da Historia (último sábado de agosto) cuando la villa entera se transforma regresando al medievo, con torneos, exhibiciones de cetrería o la representación de una boda judía.

Dejé atrás el embalse de Castrelo de Miño para seguir un largo tramo conduciendo al sur, con intención de detenerme a comer en Celanova. Tantas veces cantada por conocidos autores gallegos como Manuel Curros Enríquez y Celso Emilio Ferreiro, pues es lugar de nacimiento del primero a quien se le dedica un museo, Casa dos Poetas.

Pocos kilómetros antes merece la pena otear el horizonte desde el castro de Castromao, con setenta estructuras, situado en una elevación que domina el río Arnoia.

Desde la Praza Maior de Celanova, presidida por una fuente de la que dicen que beber del caño norte hace enloquecer, accedí al Monasterio Benedictino de San Salvador. Me acerqué a conocer una capillita mozárabe, el Oratorio de San Miguel. Un ejemplo único en la Península Ibérica esencial para entender los tiempos de repoblación cristiana. Entré para ver de cerca su arco de herradura con alfiz y me asombró su reducida dimensión, aunque singular por su estructura.

Me dirigí al sur y siguiendo las huellas del pasado acudí a Bande para conocer las termas romanas o Baños de Bande y el yacimiento romano “Aquis Querquernnis”, formado por un campamento militar y una mansio viaria situada a orillas del embalse de As Conchas.

En las proximidades está el Centro de Interpretación “Aquae Querquennae – Via Nova” que recrea la calzada romana y elementos encontrados como miliarios, puentes y minas romanas.

También en esta altura se encuentra el templo visigótico de Santa Comba. Iglesia cuya nave y pinturas murales son de obligada visita. Fuera de los muros del templo se ven los restos de una capilla anexa donde se practicaban bautismos para que los que allí acudían pudiesen entrar en la iglesia como cristianos. Aún se conserva la pila bautismal.

En la villa balneario de Lobios, donde el río Caldo invita a relajarse en sus aguas termales, se sitúa la Sede y Centro de Interpretación del Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés. Sus bosques, que conviven con sierras graníticas y afiladas que forman la “raia seca”, no entienden de fronteras. Tal vez por eso estas son las tierras del Couto Mixto, un territorio que nunca perteneció ni a España ni a Portugal y cuyos habitantes elegían la nacionalidad que deseaban el día de su boda.

Lobios, en el margen izquierdo, y Entrimo, en el derecho, son las capitales del parque. El Parque Nacional de Peneda-Gerês y Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés(ocupa concellos de Entrimo Lobios y Muíños) se unen en las sierras escarpadas que marcan los límites entre Portugal y Galicia. Este carácter transfronterizo enriquece aún más este espacio natural en el que la diversidad cultural y lingüística, unida a la variedad de bosques y ríos que se descuelgan en cascadas, con pozas de aguas claras donde bañarse, ofrecen una experiencia única. Múltiples rutas y miradores permiten conocer todos los rincones de este maravilloso parque por lo que sobran razones para venir y permanecer en O Xurés.

Hace 2.000 años era atravesado de norte a sur por la ya, en parte vista, calzada XVIII o Vía Nova construida por los romanos para unir Astorga y Braga. Por aquí ya no pasan las legiones como antaño, pero sí la inesperada “vaca cachena”. Es el mejor lugar de Galicia para ver ejemplares de ésta, pequeña y de largos cuernos, adaptada a la dureza de la sierra.

Tras pasar el río Limia llegué a Entrimo donde destaca una joya arquitectónica barroca, la iglesia de Santa María a Real.

Desplazándome al noroeste entré en terreno portugués por Castro Laboreiro en cuya cima sobresale su castillo, aunque preferí divisar las vistas que había desde el Castillo de Sobroso de camino a Mondariz.

Una buena forma de dar por finalizado aquel intenso recorrido, era acercarse a una de las principales villas termales de España: Mondariz-Balneario, la cual mantiene todo el encanto de sus años de esplendor durante el período de la Belle Époque. Y ya que de pozas y termas fue la jornada, no está nada mal rematarlo con un buen baño terapéutico relajante, acompañado por supuesto de un buen masaje.

Paradas: Arbo, Ribadavia, Celanova, Mondariz.

Visitar: Centro de Interpretación do Viño e da Lamprea de Arbo, Ribadavia, Celanova.

Ver: Balneario de Cortegada, Iglesia de San Xoán y Santiago y Centro de Información Xudía en Ribadavia, Castro de Castromao, Monasterio de San Salvador de Celanova, Iglesia de Santa Comba de Bande, termas romanas de Bande y Aquis Querquernnis, Lobios, Castillo de Sobroso.

Comer: Celanova.

Dormir: Mondariz.

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Rúa da Reconquista 3 – 36201 Vigo – Pontevedra – Tel 986447060
www.viajesabramar.com

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