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Con esta guía, vamos a descubrir el maravilloso patrimonio cultural, histórico, artístico y natural que poseen las RÍAS BAIXAS. Un patrimonio lleno de historias para contar, de distintas culturas que habitaron estas tierras, de pueblos y paisajes maravillosos con sus gentes acogedoras y sencillas que harán mas fácil nuestros días. Una ruta llena de castillos, fortalezas, pazos con sus jardines, pequeñas y grandes iglesias, monasterios, antiguos poblados y una naturaleza única.

Descubriremos inmensas playas de arenas blancas y aguas transparentes donde relajarse y disfrutar de unos productos del mar excepcionales, de montañas con sus ríos serpenteantes llenos de vida en cualquier época del año. De una fauna y una flora que nos abrazarán allá donde estemos con sus colores y sonidos.

Serán 5 días de experiencias únicas, días donde nos dejaremos llevar por los 5 sentidos. Escucharemos los bosques, oleremos los verdes prados y las marismas. Veremos colores y formas en paisajes increíbles. Saborearemos manjares que solo dan estas Rías Baixas y sus montañas.

Tocaremos piedras esculpidas por las manos del hombre, la lluvia el viento y en ellas descubriremos el paso del tiempo.

Es La Ruta de los 5 días con los 5 sentidos.

DÍA 1

de VIGO a MONDARIZ

175 km

La ruta de hoy discurre por las carreteras costeras del océano Atlántico, desde Baiona hasta A Guarda para luego remontar el río Miño y terminar en la villa termal de Mondariz Balneario. Será un viaje para disfrutar de la riqueza natural, histórica y etnográfica del sur de la provincia pontevedresa. El castro de Santa Trega, la lamprea de Arbo, la catedral de Tui, el castillo de Sobroso y los cientos de hectáreas dedicadas a plantaciones de viñedos, flores y frutales, marcarán nuestra primera etapa.

La ciudad de Vigo es el punto de partida de nuestra ruta, pero antes de partir daremos un paseo por el Pazo Quiñones de León. Su museo y su jardín inglés, también llamado la Pradera del Té, son dos joyas que nadie debería perderse. De allí nos dirigimos al pueblo costero de Baiona, curiosa villa a cuyo puerto arribó Martín Alonso Pinzón y que cuenta con una fortaleza del siglo XIV. Hasta la villa real llegaremos a través de la carretera costera PO-325. Antes de llegar a nuestra primera parada dejaremos a nuestra espalda las playas de Samil, O Vao, Patos o Panxón.

Ya en Baiona tomamos la PO 552, una carretera que hará las delicias de cualquier motero y amante de los paisajes costeros. Por ella bailaremos con las curvas admirando la fuerza del océano Atlántico golpeando contra sus rocas y oleremos el salitre del mar. Déjate llevar por su trazado, disfruta y siente la luz que ilumina cada kilómetro del asfalto. A pocos kilómetros de Baiona, pasando por el faro de Cabo Silleiro, llegaremos a Oia. Allí abandonamos momentáneamente la PO 552 para bajar hasta el puerto de Oia donde nos encontraremos con el único monasterio costero, el de Santa María, una belleza situada a las orillas de una pequeña playa donde solo los más osados practican surf.

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Retomamos la PO 552 en dirección a A Guarda, seguimos disfrutando de su paisaje y su olor a mar, a océano, para subir al monte Santa Trega, donde se sitúa el poblado galaico-romano cuya ocupación se remonta al siglo IV antes de Cristo. En la falda de este monte se sitúa el pintoresco pueblo pesquero de A Guarda, famoso por sus mariscos pero especialmente por su langosta. A Guarda es pueblo de langosta, merece la pena probarla en cualquier de los numerosos restaurantes de la villa.

Abandonamos A Guarda por la PO 552 en dirección a Tui hasta Tabagón, donde tomamos la PO 3203 y después la PO 3303 para llegar a la parroquia de Goián, donde se encuentra la fortaleza de San Lorenzo de Goián. Se trata de un castillo defensivo del siglo XVI-XVIII que responde al típico plano estrellado de las fortalezas de la época moderna.

Siguiendo por el fértil valle del Miño, oliendo sus campos llenos de invernaderos de flores y arboles frutales, nos encaminamos a la ciudad de Tui por la PO 552 hasta la N 551 que nos adentrará en Tui, capital histórica y una de las ciudades mas bonitas de las Rías Baixas.

Es obligatorio hacer una parada en esta ciudad, bajarse de la moto y caminar por las calles del casco antiguo para llegar hasta su catedral, la Catedral de Santa María de la Asunción. Hablar del primer templo tudense es hablar de la ciudad de Tui. Es hablar de historia y tradición porque, situada en lo alto de una colina rocosa a la ribera del caudaloso río Miño, por su carácter de frontera con Portugal, la catedral ha sido testigo del devenir histórico de este pueblo a lo largo de los siglos.

Después de nuestro paseo por las calles de Tui y de admirar su impresionante catedral, abandonamos la villa para coger la N 551 hasta una rotonda que nos desvía a la PO 404, dirección Guillarei, para llegar a Salvaterra de Miño. Allí nos espera el castillo de Salvaterra, también conocido como el castillo de Doña Urraca, otro de los tesoros que esconde el interior de las Rías Baixas.

Desde que dejamos A Guarda, habremos rodado por las famosas tierras del vino de O Condado y albariño Rías Baixas. Tierras de viñedos, de olor a vino y sabor a uva, son las tierras de O Rosal, Tomiño, A Guarda, parte de Tui y de Gondomar. En el condado del Tea también abundan las parras, así podremos verlas a nuestro paso por las carreteras de Salvaterra de Miño, As Neves, Arbo, Crecente, Salceda de Caselas, Ponteareas, A Cañiza o Mos.

Abriéndonos paso entre viñas, llegaremos a Arbo, capital de la Lamprea y donde se encuentra un museo dedicado al vino de la denominación de origen Rías Baixas, a la subzona del condado del Tea y a la lamprea, curioso y sabroso habitante de esta zona muy codiciado en los mejores fogones.

Dejamos Arbo para dirigirnos ya a los últimos tramos de nuestro periplo. Nos vamos a Mondariz, pero antes haremos una ultima parada en el majestuoso castillo de Sobroso. Una fortaleza medieval situada en Vilasobroso, en el municipio de Mondariz, que fue prácticamente destruido en el 1467 durante las revueltas Irmandiñas y posteriormente reconstruido en el siglo XV por Pedro Madruga.
Tomamos la carretera PO 400 para luego enlazar con la EP 5003 dirección a A Cañiza, lugar de escala obligatoria en los viajes por carretera a Madrid para reponer fuerzas con sus famosos bocadillos de jamón. No es pata negra pero es nuestro jamón y está buenísimo.

Ya en el centro del pueblo, nos dejamos llevar por la Nacional 120 en dirección Vilasobroso hasta que en una larga recta, vislumbramos en lo alto el Castillo de Sobroso rodeado de impresionantes robles, castaños, cipreses o camelios.

Dejamos las motos y nos adentramos en él atravesando sus enormes muros de piedra. Lo primero que nos vamos a encontrar es una pequeña capilla, un puente levadizo y el foso en la entrada, el resto es mejor descubrirlo paso a paso, tampoco os vamos a contar todo, perdería su encanto.

Le decimos adiós a Doña Urraca y a Don Pedro Madruga porque ya nos vamos a Mondariz Balneario, allí nos espera un relax bien merecido después de tantos kilómetros de rodaje y otros tantos de caminata.

Sobran las palabras para definir esta pequeña villa termal. Id y disfrutad, relajaos y sentid los beneficios de sus aguas, al día siguiente os sentiréis mejor.

Buenas noches.

Muévete

DÍA 2

de MONDARIZ a LALÍN

174 km

El interior de la provincia de Pontevedra es una zona salvaje. Las escarpadas sierras de O Xurés, O Cando y O Candán esconden vertiginosos saltos de agua y feroces depredadores que surcan los cielos. Pero si lo exploramos a fondo nos mostrará su lado más amable. El de las playas fluviales, los castros y los poblados medievales. No es un polo turístico de masas, pero si le damos la oportunidad, nos conquistará.

Muchos de los tesoros ocultos en el interior de la provincia de Pontevedra solo pueden descubrirse recorriendo los cientos de kilómetros que componen su entramado viario. Patrimonio natural, etnográfico e inmaterial es lo que descubriremos en este viaje de 150 kilómetros y más de tres horas de duración que nos llevará desde la villa termal de Mondariz Balneario Balneario hasta la capital del cocido gallego, Lalín. Una ruta puramente motera con carreteras de montaña, ríos y muchas, muchas curvas.

La villa de Mondariz será el punto de partida de un itinerario que tendrá en la playa fluvial de Maceira, en Covelo, su primera parada. Tomamos la PO-252 que nos llevará hasta el núcleo de Mondariz, allí giramos hacia la serpenteante PO-261 por la que seguiremos unas cuantos puñados de kilómetros hasta llegar al núcleo de la aldea de Maceira. En el campo de la fiesta giramos a la izquierda en dirección al río, que tiene una de las mejores playas fluviales de la provincia. Ideal para pasar un domingo en familia.

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Tras refrescarnos con un baño en el Tea ponemos rumbo hacia otra tierra fluvial, Fornelos de Montes. Siguiendo por la sinuosa PO-9303 y atravesando la escarpada serra do Suido, coto de caza de diferentes aves rapaces, llegaremos al municipio más lluvioso de Galicia. Allí nos esperan las Ruinas da Cidade, un ancestral poblado castrexo oculto en el bosque y rodeado de ríos y sierras en las que la pesca y la caza abundante hizo prosperar a una civilización que perduró hasta el medievo funcionando como un importante polo comercial. A escasos metros se encuentra otro paraje majestuoso, fruto de la conjunción de los esfuerzos de la naturaleza y la ingeniería humana: el embalse de Eiras. Merece la pena parar la moto, echar el pie a tierra, tomar aire y admirar la inmensidad de un lugar que nutre de agua a buena parte del área metropolitana de Vigo.

No es la única sorpresa agradable que depara esta ruta por las laderas de la sierra de O Cando y O Candán. Aunque antes de descubrirlas tendremos que poner rumbo al norte en dirección al concello de A Lama dejándonos atrapar durante el trayecto por la Galicia más enxebre, en la que predominan las plantaciones de maíz o los rebaños de vacas y ovejas sobre el ladrillo. Sin darnos cuenta llegaremos a las faldas de una de las montañas más singulares de la comunidad que alberga una colonia de aves muy peculiares. Son muchos los moteros que han tenido el privilegio de contemplar a estos gigantes de los cielos que han hecho de la sierra de O Cando su hogar.

Atravesaremos de sur a norte la sierra por una desafiante travesía que nos mostrará en todo su esplendor estas rocosas laderas, aunque antes de llegar al final torceremos a la izquierda para seguir disfrutando de este paisaje majestuoso a la vez que avanzamos hacia Campo Lameiro. Si nos detenemos unos minutos en este paisaje montañoso para meditar puede que la fortuna se alíe con nosotros y nos brinde la oportunidad de observar alguno de los buitres gallegos, que “haberlos hailos”. El ritmo de nuestra odisea por O Cando lo marca el movimiento de los incontables molinos de viento que se distribuyen por la cresta de este mágico complejo montañoso del que, dicen, alberga la puerta al inframundo. La “Porta do Alén”, un conjunto de rocas fracturadas sobre una gran bloque plano cuyo origen no está claro si fue humano o no, por lo que recomiendan asegurarse de entrar y salir por el mismo lugar para evitar quedar atrapado en la tierra de los muertos. Una vez decididos a indagar en la sierra, merece la pena escalar hasta la cima para contemplar el Marco do Vento, un colosal menhir de seis metros.

En medio de O Cando está también la parroquia de O Pelete, hogar de uno de los vecinos más ancianos de Galicia, el cinco veces centenario y de sobrecogedora envergadura carballo de A Lama que creció regado por los vinos de los productores de la zona.

Descubiertos ya todos los tesoros de esta sierra, es el momento de poner rumbo hacia Campo Lameiro al que llegaremos a través de las carreteras provinciales 232 y 231. Este municipio es de marcado carácter forestal y en su corazón atesora una de las mayores concentraciones de muestras de arte rupestre de la provincia. El parque arqueológico está en una ladera de veinte hectáreas con un amplísimo abanico de figuras grabadas en piedra que datan de la edad de bronce.

Desde allí, cogeremos una de las arterias que vertebran la provincia, la N-541 que nos conducirá hasta Soutelo de Montes, donde podremos hacer una parada para comprar un bote de sus valoradísimas mermeladas. Antes de llegar al núcleo de Soutelo giraremos a la izquierda para coger la PO-534 para ir al monasterio de Santa María de Aciveiro. De camino al monasterio de Forcarei, atravesamos la sierra de O Candán, un escenario idóneo para el birding, pues es hogar de especies de aves rapaces como el búho real, el águila real o el azor.

Este escenario de cine será una de nuestras últimas paradas. Fundado en 1135 bajo el reinado de Alfonso VII de León, vertebró la vida económica y social de la Terra de Montes hasta el siglo XIX. El lugar sigue en perfecto estado de conservación, de hecho entre sus paredes se rodaron las escenas del concilio de Husillos, de la serie Al Final del Camino, en la que cae el obispo de Compostela, Diego Peláez, por su apoyo al rey de Galicia en lugar de rendirse a la corona de León.

Lalín nos espera y llegaremos allí por la PO-534. Si apartamos un segundo la vista de la carretera, verde será todo lo que veamos con pequeñas tierras de cultivo que los vecinos, a pesar de la crisis demográfica que asola el interior pontevedrés, siguen esforzándose por mantener activas. Tras llegar a la capital del cocido, tomaremos un último desvío para llegar al Pazo de Liñares, una construcción del siglo XVII en el que Emilia Pardo Bazán pasó buena parte de su vida. Tras pasar por una profunda rehabilitación, ahora alberga el centro gallego de gestión y conocimiento arqueológico de la cultura de los castros y también el museo de la marioneta. Pasear por sus jardines es otra opción nada desdeñable. Un buen lugar para descansar y estirar las piernas. Mañana más.

Descubre

DÍA 3

de LALÍN a VILAGARCÍA DE AROUSA

172 km

La Galicia más típica nos espera. La de aldeas dispersas, bastas extensiones de campos verdes intercalados por pequeños oteros. Así descubriremos emocionantes cascadas y enormes espacios naturales, así como pazos de la época señorial. Sin habernos dado cuenta, estaremos en Catoira donde nos dejaremos colonizar por la
cultura vikinga, Antes ya nos habremos absorbido la tradición termal de Caldas de Reis.

La tercera ruta de nuestro periplo por la provincia de Pontevedra nos llevará del interior a la costa. De los campos de cultivo, granjas y valles a las rías, playas y miradores. Lalín, la capital del cocido gallego en la que el cerdo es venerado e incluso tiene una estatua en su honor, será nuestro punto de partida. Tras acariciar o hacernos una foto con el porco de bronce ponemos rumbo a Dozón.

Serpenteando entre explotaciones agrícolas y ganaderas por la N-525 llegamos a la primera parada. Al pasar la iglesia de San Salvador, y antes de llegar al Concello de Dozón, giramos a la izquierda en dirección a Rodeiro, aunque antes tomaremos un desvío para descubrir una joya de la arquitectura y de la historia gallega.

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El monasterio de San Pedro de Vilanova es una parada obligada. Hasta él se llega por una angosta carretera que cogemos girando a la derecha en la aldea de Diz. Fue en 1154 cuando Guntroda Suárez, señora feudal, decide donar sus terrenos para la construcción del monasterio. En aquellas sociedades era habitual que las viudas cediesen propiedades a la Iglesia y se retirasen a los cenobios fundados por ellas mismas para pasar el resto de sus días. En el ábside del monasterio está tallado el nombre y la fecha de fundación de este cenobio benedictino femenino.

Tras admirar la singular arquitectura de este edificio que tendremos que rodear a pie para descubrir su fachada principal orientada hacia naciente, volvemos sobre nuestros pasos hasta enlazar con la carretera provincial PO-533 que nos conducirá al término municipal de Rodeiro, uno de los últimos grandes bastiones ganaderos de la provincia. Granjas de Rubia Galega, porcos, ovejas o cabras se intercalan con verdes praderas que se prolongan en el horizonte. Una inmersión en todos los sentidos, incluso para el olfato. La nariz nos alertará de la presencia de los rebaños si la fortuna no los cruza en nuestro camino. El patrimonio antropológico es otra de las riquezas de Rodeiro que podremos apreciar a nuestro paso con infinidad de petrogllifos grabados en rocas o pazos como el de Trasulfe, una casa señorial del siglo XVI que da buena muestra de la historia solariega gallega.

Tras cruzar Rodeiro y tomar la PO-212 llegaremos a Agolada. Un municipio que esconde un tesoro del modo de vida de los gallegos a lo largo de los siglos. El mercado medieval de Os Pendellos es un conjunto histórico que nos permite entender mejor la vida rural y las vicisitudes sociales de la época. Se trata de un espacio creado para el ritual de comercio con construcciones pétreas prácticas y sin mayores pretensiones ornamentales que la de ejercer su función el día de la feria.

De nuevo en la carretera nos dirigimos a un peculiar espacio natural al que llegaremos por la EP-6302 que nos lleva directamente al corazón de las sobreiras de Arnego. Un área forestal de más de mil hectáreas enmarcada en el valle del río que le cede su nombre. Parar la moto y caminar bajo las copas de las centenarias sobreiras, carballos, castaños y otras muchas especies autóctonas de Galicia, incluso acariciar la corteza, pisar las hojas o abrazar sus troncos son experiencias que no debemos dejar pasar. Es una oportunidad para olvidarnos del mundanal ruido y conectar con la madre naturaleza.

Con los pulmones llenos de puro oxígeno volvemos a subirnos a la moto para descubrir uno de los más grandes monasterios pontevedreses. Antes de llegar a nuestro destino, la PO-204 nos hará atravesar el núcleo de Vila de Cruces y toda una red fluvial que abastece al río Deza, el principal afluente del Ulla. Ya en suelo de Silleda tendremos que dar unos cuantos giros antes de darnos de bruces con el monasterio de Carboeiro, un gigante construido sobre una ermita, que fue levantado por los discípulos del Mestre Mateo y con una ornamentación estrechamente ligada a la catedral de Santiago. Fundado en el año 939 por los condes don Gonzalo y doña Tareixa, acabó destruido a finales del siglo X, por lo que tuvo que ser completamente reconstruido. Pero a escasos 12 kilómetros se encuentra otro tesoro que no podemos dejar de visitar. El rumor de una enorme cascada nos pondrá en guardia a medida que nos acercamos a la fervenza do Toxa, un salto de agua que supera los 30 metros de un curso fluvial que nace en la sierra de O Candán y discurre plácido por los valles dezanos hasta precipitarse al vacío en la parroquia silledana de Bandeira. En el entorno de Carboeiro está también el santuario de O Corpiño, uno de los puntos de peregrinación más importantes de la provincia.

A Estrada nos espera, concretamente el Pazo de Oca, también conocido como el Versalles gallego por la calidad y colorido de sus jardines. Pero antes de llegar allí nos espera una buena dosis de asfalto por la Galicia más típica, la de extensos prados de emocionante color verde. Circulando por una de las principales carreteras que cruza la provincia, la N-525, al llegar a la capilla de la parroquia estradense de As Neves torcemos a la derecha para coger la PO-2017 que nos llevará directamente al pazo con los jardines más famosos de Galicia. Respecto a su historia, los primeros vestigios datan del siglo XV bajo el dominio de Álvaro de Oca y su hijo Suero, señores de una fortaleza medieval que asistió a innumerables remodelaciones desde entonces.

La próxima parada nos llevará a Caldas de Reis, aunque para llegar allí tendremos decenas de kilómetros por carreteras secundarias en las que admirar a lo grande esa Galicia “riquiña”, esa en la que las abuelas siguen trabajando incansables sus leiras. Los caballos, salvajes o domados, pastan alegres en las amables laderas y en la que hasta el olor a bosta resulta inexplicablemente atractivo. Sin tiempo a sentir el cansancio de la carretera, llegaremos a Caldas de Reis. Antes de entrar en el corazón de la villa termal, rodearemos el embalse del Umia. Incluso podremos tomar un pequeño desvío para darnos un baño en la cascada de Segade. Los balnearios, la carballeira urbana y las burgas que trufan el casco histórico caldense sí que hacen obligatorio aparcar la moto y recorrer la ribera de su río a pie y cerrar por un instante los ojos para trasladarnos al auge del termalismo de la Belle Epoque, en la que Caldas era una potencia turística para las élites de la sociedad.

El sol comenzará a ponerse sobre la ría de Arousa que nos espera desde que nos subimos a la moto allá en el kilómetro cero gallego. Para llegar a Catoira, ponemos rumbo a Santiago aunque pronto nos desviaremos hacia el noroeste para coger la EP-8001 que nos llevará a nuestro destino atravesando la frondosa la ladera del valle del Ulla. Con las Torres do Oeste de fondo, el broche de oro a nuestro viaje sería escuchar una historia de vikingos. Civilización que atacó con crudeza y durante décadas la fortaleza arousana, que durante siglos consiguió repeler también los ataques de normandos, sarracenos o piratas.

Con una copa de Rías Baixas y con vistas a la mítica ría de Arousa en el vecino concello de Vilagarcía dejamos descansar nuestra moto. Mañana volveremos a la carga para conocer todos los rincones de O Salnés.

Relájate

DÍA 4

de VILAGARCÍA DE AROUSA a O GROVE

90 km

La ría de Arousa será testigo de nuestro paseo por su costa. Nos esperan playas paradisíacas, centenarias fortalezas costeras, espacios naturales fascinantes y decenas de kilómetros para rodar con nuestra moto entre mares de parras de las que brotan las uvas de nuestro vino más internacional. Un paseo que nos llevará de la primera línea de mar hasta el corazón de O Salnés. Antes de llegar a la meta, el camino nos brindará una postal de lujo sobre la ría de Pontevedra. No defraudará.

Con vistas a la más grande de las Rías Baixas, banco de míticas historias, cuna de pescadores e infinito campo de bateas, iniciamos una nueva ruta por el corazón de la comarca arousana, en la que las playas de arena que componen la costa se confunden con las bastas plantaciones de la uva de la que sale el vino más internacional de Galicia. Vilagarcía, la principal urbe de la comarca, será nuestro punto de partida, pero antes de subirnos a la moto merece la pena dar un pequeño paseo por la villa.

A un lado de la desembocadura del río Con, en el entorno de un parque repleto de historia, está el castro de Alobre, un yacimiento que radiografía la vocación comercial de Vilagarcía desde la edad de Hierro hasta el siglo V con restos de objetos de culturas tan exóticas como la púnica, fenicia o romana.

Tras este breve baño por la historia vilagarciana, cogemos nuestra moto, tomamos la N-640 y ponemos rumbo al Pazo de Rubianes. A nuestra espalda quedará Fexdega, uno de los recintos feriales más grandes y activos de la provincia.

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También pasaremos por delante del cementerio de los ingleses, privado y de titularidad la Royal Navy que construyó en 1911 esta necrópolis para enterrar a los marinos que fallecían en las bravas aguas gallegas que los obligaron a recalar de forma habitual en el puerto arousano. Muy cerca está la torre del siglo XV sobre la que se edifició el pazo de Rubiáns, un lugar en el que sus jardines, de estilo francés, brillan todavía más que su arquitectura. Recorrer sus zonas verdes en invierno, cuando florecen sus innumerables variedades de camelia, es una experiencia única.

De vuelta al asfalto, la misma carretera que vertebra la comarca de O Salnés, nos conducirá hasta Vilanova de Arousa, lugar de nacimiento del creador del esperpento: Ramón María del Valle-Inclán. Su casa natal, de estilo palaciego, funciona ahora como museo del literato en la planta baja y recreación de su hogar, en el primer piso. Tomando un pequeño desvío de nuestro itinerario podemos descubrir también uno de los pazos más mediáticos de O Salnés. El pazo Baión, que adopta su nombre de la parroquia que lo cobija, es famoso por ser uno de los escenarios del libro y serie Fariña, que retrata la cultura contrabandista en esta comarca en las últimas décadas del siglo pasado. Pero su atractivo es mucho más amplio, construido en el siglo XV fue adquirido por un indiano a principios del XX. Su mayor tesoro son sus viñedos de uva albariño plantadas en los años 70 y que funcionaron como motor del sector en Arousa.

Descubrir la historia y arquitectura de esta comarca es solo una pequeña parte de nuestro paseo en moto por la costa arousana en la que nunca dejaremos de sentir el salitre flotando en el aire. Sobre todo en la Illa de Arousa, a la que llegaremos por el puente curvo y el más largo de Galicia construido en el 1985 para comunicar a la numerosa población isleña con el continente. Bordear la costa de la Illa sobre dos ruedas es uno de los grandes placeres de este paseo, solo con cruzar el viaducto ya podremos contemplar la grandeza del lugar. A la izquierda, el parque natural de O Carreirón, hogar de un amplio abanico de especies de aves marinas y que esconde una de las mejores playas de la ría, A la derecha, el núcleo poblado por su carretera principal llegaremos al faro, donde echaremos pie a tierra para observar durante unos minutos el horizonte y matar el hambre, pues dispone de una terraza con unas vistas incomparables sobre el islote de Areoso.

Volvemos sobre nuestros pasos para seguir bordeando la ría de Arousa, sin perder de vista las playas, las bateas y, si hay suerte, una manada de las diversas comunidades de delfines que habitan sus aguas, entraremos de lleno en la capital del albariño: Cambados. La emblemática plaza de Fefiñáns, formada por el pazo homónimo y la iglesia de San Benito, será la que nos dé la bienvenida. Allí aparcaremos nuestra moto para visitar esta construcción de estilo renacentista que acoge en su interior a las bodegas de la denominación de origen Rías Baixas.
No es el único tesoro que esconde Cambados, aunque para descubrir el siguiente tendremos que volver a montar. En la falda del monte de la Pastora, en las inmediaciones de un viejo castro están las ruinas de Santa Mariña de Dozo, un escenario de postal que alberga el cementerio municipal, uno de los tres monumentos funerarios más destacados de España. Resulta complicado no impresionarse al observar los restos de la antigua iglesia parroquial, de estilo gótico marinero, de la que solo quedan en pie sus cuatro arcos transversales. En uno de ellos está representado uno de los siete pecados capitales, pero para saber cuál es, hay que acudir allí.

Regresamos a la costa para hacer nuestra última parada en Cambados: la torre de San Sadurniño. En un islote al que se le añadió una pasarela para evitar que la marea lo dejase aislado se alzan los restos de esta fortificación construida en el siglo IX con el cometido principal de repeler, igual que las Torres do Oeste, que pueden verse desde este lugar, las incursiones de los invasores.Sin embargo, fueron los propios campesinos, en la revuelta Irmandiña contra el sistema señorial, los que la derribaron en el siglo XV. Pero el terremeto de 1775 la condenó nuevamente a la ruina, y así sigue.

De un santuario costero derruido, nos desplazaremos a otro costero y que se encuentra en uno de sus mejores momentos. Pero para llegar a él deberemos cruzar el océano verde que inunda el corazón de los concellos de Ribadumia y Meis y que le otorga el característico tono de las hojas de la vid. Parras, racimos y hojas coparán el horizonte mientras viajamos por la PO-550 y la EP-9509 hasta llegar a la rotonda bajo la autovía del Salnés, allí cogeremos el desvío hacia el monte Castrove, uno de los pulmones de la comarca. Formando una conjunción casi divina entre lo humano y lo natural se erige el monasterio de Armenteira. No solo la grandiosidad del edificio obliga a visitarlo, sino su envoltorio por el que transcurre una de las rutas de senderismo mejor valoradas de Galicia, la ruta “da Pedra e da Auga”. Si el tiempo nos lo permite, merece la pena recorrer algunos de sus seis kilómetros para descubrir los molinos, saltos de agua y pozas que trufan el curso del río Armenteira y que llevó a los monjes a elegir este espacio para levantar su monasterio a principios del anterior milenio. A finales del mismo acabó abandonado, restaurado hace 30 años, ahora es habitado por una pequeña comunidad de monjas que comercia con dulces y jabones artesanales.

Retrocedemos para coger la autovía del Salnés, abriendo gas veremos como el paisaje se va transformando. Los campos de cultivo irán dando paso a núcleos cada vez más urbanos hasta que, al final de la autovía, nos demos de bruces con la inmensidad del océano Atlántico siempre escoltado por la silueta de la isla de Ons. Así llegaremos a la península de O Grove, aunque antes tendremos que cruzar el istmo que lo conecta con Sanxenxo. Al lado izquierdo de este puente natural está la playa más famosa de Pontevedra. Su extensión, sus olas adoradas por los surfistas y los poderes sobrenaturales de sus aguas para facilitar la concepción de las mujeres son razones más que poderosas para hacer del arenal de A Lanzada toda una celebridad. Pero en la otra orilla está el complejo intermareal Umia O Grove, un ecosistema sin igual al que acuden infinidad de aves para anidar y alimentarse. Además hay escondites adaptados para observarlas.

Entre las dunas formadas por los fuertes vientos del océano llegaremos a la península meca, la capital del marisco. En la primera rotonda que encontremos giraremos a la izquierda para dirigirnos a San Vicente, que tiene una costa escarpada plagada de pequeñas calas de agua transparente y arena blanca. Todas ellas conectadas por la ruta de Pedras Negras, una pasarela de madera sobre las rocas de esta rara tonalidad. Como la caminata es larga, es más rápido coger la moto y cambiar de sentido para dirigirse al centro de la villa de O Grove. Allí pondremos punto y final a nuestro periplo arousano no sin antes cruzar el característico y blanco puente de A Toxa y bordear la isla famosa por sus balnearios, sus jabones naturales y su casino. Con una mariscada regada con un buen albariño en cualquiera de los restaurantes de la villa contemplando la puesta del sol, nos despedimos hasta mañana. Cuando tendremos la opción de realizar una excursión al cercano Yacimiento de Adro Vello, importante yacimiento arqueológico que se encuentra al borde de la playa de O Carreiro.

Disfruta

DÍA 5

de O GROVE a PONTEVEDRA

165 km

Última etapa de nuestro periplo pontevedrés, en ella descubriremos el lado amable y el lado salvaje de la ría de Pontevedra. De la magia de A Lanzada rodaremos hasta las villas marineras de Portonovo y Combarro. En la otra orilla nos esperan sus hermanas de Marín y Bueu, que nos conducirán hasta el «fiordo» cangués de Cabo Home. Una visita al castillo de Soutomaior será nuestro último stop antes de llegar a la meta, la capital, la ciudad sin coches, Pontevedra.

Última etapa de nuestro viaje por la provincia de Pontevedra. Esta vez el protagonismo lo tendrán las dos orillas de la ría de Pontevedra, plagada de playas y villas marineras donde la tradición pesquera se funde con su atractivo turístico. Portonovo, Sanxenxo, Combarro o Bueu son parada obligada en una ruta que nos deparará también grandes sorpresas en forma de espectaculares miradores y legendarias construcciones.

Nos despertamos en O Grove recordando la grandeza de la ya recorrida costa arousana. Aunque para conocer nuevos parajes volveremos a cruzar un puente natural que nos resultará conocido: el istmo de A Lanzada. Pero esta vez dejaremos la autovía del Salnés a un lado para continuar por la carretera de la costa, la PO-308, hacia Pontevedra.

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Resultará imposible no fijarse en la capilla que se alza en un islote unido a tierra por una estrecha franja de tierra. Es la ermita de “Nosa Señora de A Lanzda”, una iglesia de estilo románico levantada a principios del siglo XIII que alberga en su interior una imagen de Santa María, abogada de la fertilidad. Cuenta la leyenda que las aguas que bañan el islote tienen el poder de facilitar la concepción, por eso cada último domingo de agosto aquellas mujeres que desean ser madres acuden aquí para coger las famosas nueve olas.

No es el único secreto que oculta este lugar, bajo tierra se encuentra un castro y una gran necrópolis, de la que ya ha sido excavada una parte, de origen romana. Pero lo más llamativo es la presencia de una torre semiderruida que nos recordará a la de Cambados. Se trata de una fortaleza de la época sueva que formaba parte del sistema defensivo que alertaba de las incursiones vikingas. La revuelta Irmandiña la dejó en el estado que todavía conserva.

Imaginando cómo sería la vida en aquella época regresamos a una carretera hecha para disfrutar. Las playas se intercalan con pequeñas zonas boscosas al borde de suaves acantilados durante kilómetros hasta encontrarnos con la villa marinera de Portonovo, a la que el turismo empujó hacia una explosión urbanística que comparte con el vecino núcleo de Sanxenxo. Pero si os animáis a investigar, daréis pronto con esas raíces pesqueras. Otra opción es pasear hasta Sanxenxo por la senda que conecta la plácida playa de Baltar con el archiconocido arenal de Silgar y su puerto deportivo a través de Punta Vicaño, un escenario incomparable para fotografiarse con la ría al fondo.

Esa belleza que la fiebre del ladrillo trató de ocultar en Sanxenxo, permanece intacta en Combarro, pueblo al que llegaremos si seguimos rodando por la PO-308, vía que, a buen seguro, compartiremos con algún pelotón de ciclistas. En este pintoresco pueblo de Poio tenemos que aparcar la moto y caminar. Es una orden. Combarro es una aldea que bebe directamente del mar, sus calles son de granito y resulta imposible caminar más de diez metros sin encontrarse con una casa marinera, un crucero o un hórreo. Con treinta de estas emblemáticas construcciones en sus calles, Combarro es de las villa gallegas que más y mejores hórreos conserva. Además, tomar unas sardinas asadas, como aperitivo o al atardecer, con vistas a la frondosa isla de Tambo es una apetitosa tentación.

Ya es hora de alejarse un poco de la costa. No la perderemos de vista, tranquilos. A pocos kilómetros de Combarro, siempre en dirección al vértice de la ría, tomaremos un desvío a izquierda que nos llevará directos al monasterio de Poio. Su imponente tamaño os llamará tanto la atención que será imposible perderse. Este cenobio fue fundado por monjes benedictinos en el año 942 y entre sus paredes impartió clase el Padre Feijoo. Ni la fachada, ni el altar bañado en oro, las joyas de este convento son los dos claustros de su patio interior custodiados por una fuente barroca y el hórreo más grande de la provincia que permanece intacto en la parte trasera de la parcela.

Llegó el momento de cruzar la ría y poner rumbo a la comarca de O Morrazo, cuyo perfil es más salvaje y escarpado que la orilla que acabamos de recorrer. Giramos hacia la AP-9 en la rotonda de la finca Besada, abrimos gas a fondo y cruzamos el puente sobre la ría en dirección a Marín, al llegar a una rotonda elevada se nos abrirán dos opciones; seguir hacia la villa marinense para conocer la Escuela Naval Militar y recorrer sus numerosas playas o tomar la vía rápida que nos dejará a un paso de Bueu. Allí sí que continuaremos por la sinuosa carretera que bordea la costa hasta llegar a cabo Udra, un singular espacio natural que combina un litoral en el que las playas se mezclan con un outeiro cubierto de matorral, entre las que emerge un conjunto de rocas de gran valor científico.

Pero si las vistas desde este lugar son espectaculares, las de nuestra siguiente parada nos dejará sin adjetivos. Antes de llegar a Cabo Home podremos hacer un breve alto en el bosque encantado de Aldán. En medio de un bosque de especies autóctonas emerge un castillo en miniatura que los antiguos dueños de la finca construyeron como patio de juegos de sus hijos. Los juegos de luces y sombras son los que convierten el lugar en un espacio mágico.

De Cabo Home se dice que es un vigía excepcional del océano Atlántico. La vista desde lo alto de sus verticales acantilados es sobrecogedora, pero esa postal no es el único regalo que nos llevaremos. Si la condición física y el reloj nos lo permite, merece la pena subir a lo alto del monte de O Facho, que acoge uno de los yacimientos castrexos más espectaculares y que se mantuvo activo hasta el siglo III dc.

El tiempo apremia y todavía tenemos muchos kilómetros que recorrer y tesoros que descubrir antes de llegar a la meta. Volvemos sobre nuestros pasos para coger el desvío hacia el corredor de O Morrazo, una vía óptima para experimentar sensación de velocidad. Desembocaremos en el ampliado puente de Rande, que cruzaremos para coger la N-552 hacia Redondela. Tras atravesar la vílla de los viaductos entraremos en Soutomaior. En Cesantes permaneced atentos para no saltarse el desvío hacia su castillo, la fortificación mejor conservada, con el permiso del de Monterreal en Baiona, de la provincia. Allí llegaremos cruzando todo un entramado de carreteras secundarias bordeadas por pequeñas y variadas plantaciones agrarias. La majestuosidad del castillo captará muy pronto nuestra atención. Se desconoce la fecha en la que se construyó aunque es sabido que data del siglo XI y cuya propiedad pasó por diversas manos hasta recaer en la Diputación. Describirlo no tiene sentido, hay que pisar su piedra para sentir el peso de la historia. Y, de paso, os acercais a la orilla del río Verdugo, sobre el que cuelga un puente muy concurrido durante el verano.

Pontevedra nos espera. Pero antes tendremos que tomar una nueva decisión, continuar hacia Ponte Caldelas para descubrir la belleza de las casas que los indianos construyeron tras su paso por América o regresar a la N-550 y hacer una breve parada en uno de los rincones más importantes de la historia de España; el puente de Pontesampaio, en el que se libró la última batalla de la guerra de Independencia en Galicia contra el ejército de Napoleón, que ya había salido escaldado de Vigo y que sobre el puente romano encajó la derrota definitiva.

Siguiendo por esta carretera llegaremos a Pontevedra. «Aparca e camiña» es uno de los lemas de la capital de provincia. El centro histórico está vetado al tráfico de coches, por lo que es mejor dejar a un lado la moto y dirigirnos a pie a la meta, que está en el palacete de las Mendoza, a escasos metros de la Basílica de Santa María. En el emblemático palacete está la sede de Turismo Rías Baixas. Entrad, contadle vuestra hazaña a los técnicos de turismo y, si ya no os quedan fuerzas, dejad que os recomienden alguna de las múltiples plazas de la ciudad del Lérez para tomar unas buenas tapas.

Felicidades, habéis completado el desafío pontevedrés. Pero no dejeis de rodar por sus carreteras. Hay más tesoros ahí fuera.

Vuelve cuando quieras

La Ruta Galifornia Patrimonio Rías Baixas la puedes hacer en cualquier fecha del año.

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